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| 2. | Glaciares alpinos |
La nieve que cae en las laderas y en el fondo de los valles de alta montaña tiende a acumularse y alcanza grandes espesores, debido a que desaparece menos nieve por deshielo que la que se va acumulando durante las nevadas, especialmente en invierno. Las últimas nevadas comprimen a las primeras nieves caídas y las convierten en una masa compacta de hielo de estructura granular. En áreas donde la temperatura no suele sobrepasar el punto de fusión del hielo, este proceso vuelve a darse por repetición de los procesos de sublimación y recristalización.
La sublimación consiste en el cambio desde el estado sólido al gaseoso sin pasar por el punto intermedio de estado líquido. Cuando el grosor del glaciar alcanza aproximadamente los 30 m, toda su masa empieza a deslizarse lentamente hacia el fondo del valle. Este avance continuará mientras exista superabundancia de nieve en la parte alta del glaciar. Cuando la corriente de éste desciende valle abajo, hasta altitudes donde ya no es reforzado por nuevas nevadas, tiende a derretirse o a desgastarse; el agua que surge de su deshielo da lugar a ríos y arroyos.
La sección transversal de todos los glaciares es similar. En la parte superior aparece un manto de nieve virgen recién caída, de densidad muy baja (inferior a 0,1). Por debajo de éste aparece una capa de copos de nieve, cuyo tamaño ha disminuido hasta formar nieve granular con densidades próximas a 0,3 o superiores. Este proceso se produce, bien por la acción combinada de la humedad y de la presión que ejerce por la nieve acumulada, o bien por sublimación y recristalización. Posteriores repeticiones de este proceso dan lugar a la neviza, que alcanza densidades de 0,5. En la base del glaciar existe una capa de hielo limpio con una densidad aproximada de 0,7 a 0,8, que fluye como un líquido viscoso.
El hielo de la base del glaciar está sometido a tal presión que sus fisuras o grietas se cierran con rapidez. Las capas superiores del glaciar también sufren tensiones y estiramientos, provocados al moverse por encima de obstáculos ocultos o debido al movimiento diferencial, ya que el centro del glaciar se mueve con más rapidez que los laterales. Estas tensiones producen crevasses o grietas glaciares, que pueden alcanzar muchos metros de profundidad y quedar cubiertas por la nieve recién caída. Un gran crevasse, que recibe el nombre de rimaya, se forma entre el propio glaciar y las paredes del valle sobre el que descansa, y marca la línea a lo largo de la cual el glaciar se desprende de las paredes del circo e inicia su movimiento.
Los glaciares suelen estar flanqueados por derrubios de las rocas arrancadas a las laderas del valle por la acción abrasiva del hielo. A estas acumulaciones de fragmentos de roca se las denomina morrenas laterales. El tamaño de las morrenas es mayor en el extremo inferior del glaciar. Cuando dos glaciares de valles próximos se juntan, sus morrenas laterales contiguas se funden en una sola morrena central, en mitad del nuevo glaciar resultante. A medida que el hielo del extremo inferior del glaciar se va fundiendo se depositan las rocas y derrubios que el glaciar levantó del fondo del valle, a las que se unen los materiales que cayeron por los crevasses; el conjunto forma una sucesión de pequeñas colinas semicirculares que reciben el nombre de morrena terminal.
El glaciar, en su movimiento de descenso por el valle, llega a lugares en los que la ablación o el deshielo y la evaporación de la superficie son superiores a los aportes de nieve. En este punto, llamado línea de neviza, nevé o firn, la superficie del glaciar está cubierta más por neviza que por nieve.
La velocidad a la que fluye un glaciar varía dentro de unos márgenes muy amplios. La mayoría de los glaciares descienden a una velocidad inferior a 1 m al día, pero observaciones hechas en el Black Rapids Glacier, en Alaska, a lo largo de 1936 y 1937, demostraron que avanzaba más de 30 m al día. Este es el más rápido desplazamiento de un glaciar que se recuerda y es probable que se debiera a las fuertes nevadas caídas en la zona unos años antes.
Las variaciones del clima hacen que el tamaño de los glaciares se expanda o contraiga de manera notable. Un exceso de precipitaciones crea una situación análoga a la crecida de un río y hace que el tamaño del glaciar aumente. De igual manera, si la precipitación disminuye, su tamaño decrece.
Los glaciares de tipo alpino pueden encontrarse en todas las altas cadenas montañosas del mundo. En los Estados Unidos, por ejemplo, existen glaciares alpinos o de valle en las alturas de los montes Rainier, Baker y Adams, en el estado de Washington; en el monte Hood, en Oregón; y en el monte Shasta, en California. El glaciar Hubbard, en Alaska, es uno de los glaciares alpinos más largos del mundo.