Ezequiel
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Ezequiel
3. Contenido

En líneas generales el libro puede dividirse en cuatro partes. En la primera (capítulos 1 al 24) Ezequiel reprocha al pueblo su idolatría y sus otros pecados. Por cuanto la nación entera se ha apartado de Dios, profetiza que Judá caerá, Jerusalén será destruida y el pueblo condenado al exilio y el cautiverio: tal es el justo e inevitable sino de todos los que violen la alianza con Dios. En la segunda sección (capítulos 25 al 32) Ezequiel profetiza la destrucción de los pueblos extranjeros y de los enemigos de Judá. Aquí Dios se revela como omnipotente y universal: es el Dios de las naciones de todo el mundo, no sólo el Dios de Judá.

De esta forma, la segunda sección amplía un tema desarrollado por primera vez en el capítulo 1, con la visión del carro de Dios. En la tercera sección (capítulos 33 al 39) Ezequiel ofrece consuelo a los judíos, a la sazón en el exilio. Predice la restauración de Jerusalén y del Templo, y profetiza el regreso del espíritu, o la presencia, de Dios. La visión de Ezequiel de la vega 'llena de huesos... completamente secos' (37,1-14), una de las más famosas del Antiguo Testamento, explica de forma muy gráfica cómo la presencia de Dios representa la diferencia fundamental entre los vivos y los muertos. En la última sección (capítulos 40 al 48) Ezequiel describe en todos sus detalles la futura patria teocrática de los judíos.