Solimán I el Magnífico
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Solimán I el Magnífico
3. Máxima expansión otomana

En 1541 Solimán I de nuevo invadió territorio húngaro, capturando Buda e incorporando la Hungría central a su Imperio. Siete años más tarde volvió a avanzar sobre los dominios persas y logró conquistar el área circundante al lago Van. Obtenida la supremacía en el Mediterráneo; en 1551 cayó en sus manos la ciudad de Trípoli, en el norte de África, con lo que el poder otomano en la costa pirática de Berbería se incrementó notablemente y permitió aumentar la actividad de los corsarios de la zona contra el Sacro Imperio Romano Germánico. Llevó a cabo en 1554 su tercera campaña contra Persia.

Los principales acontecimientos durante los últimos años del reinado de Solimán I fueron la tercera campaña contra Persia, a la que prácticamente había ya sojuzgado; el asedio frustrado de la isla mediterránea de Malta (donde los miembros de la Orden de los Caballeros de San Juan de Jerusalén se había retirado), llevado a cabo en 1565; y por último una nueva expedición dirigida desde 1566 contra Hungría. Murió precisamente sitiando la ciudad húngara de Szigetvár, el 7 de septiembre de 1566. Sus hijos Selim II y Bayaceto lucharon después por el trono hasta que Bayaceto fue derrotado y asesinado, de forma que su hermano se aseguró el sultanato y la sucesión.

Solimán I el Magnífico es considerado el más importante sultán otomano. Sobresalió como administrador, ganando el título de kanuni ('legislador'), y como destacado mecenas de las artes y de las ciencias. En la década de 1550 auspició la erección en Estambul de la impresionante mezquita que ha pasado a ser conocida por su nombre. A su fallecimiento, el Imperio otomano controlaba gran parte de la península de los Balcanes, el norte de África y Oriente Próximo, y era el poder dominante en el mar Mediterráneo.