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Reinado en Aragón |
La guerra de Sucesión castellana se cerró con el Tratado de Alcáçovas (1479), al que contribuyó Fernando II, doblegando a la nobleza y afirmando la autoridad de la monarquía. A la muerte de su padre, y gracias a su boda, se produjo la unión dinástica de la Corona de Aragón con la de Castilla, unión que respetó las leyes e instituciones propias de cada reino. Como rey de Aragón, desarrolló una política reformista de las instituciones, introdujo la insaculación (sorteo) en la elección de cargos y aplicó medidas proteccionistas al comercio y a la industria que estimularon la economía. Una nueva insurrección de los remensas forzó a Fernando II a una solución pactada: la Sentencia Arbitral de Guadalupe (1486), que pretendía un equilibrio entre remensas y señores, y mediante la cual se indemnizó la devolución de bienes confiscados durante la Guerra Civil catalana, se suprimieron los malos usos y se dio la posibilidad a los siervos de liberarse de la remensa o vinculación a la gleba. Consiguió la restitución del Rosellón y la Cerdaña (1493) y conquistó el reino de Nápoles, tomando la iniciativa al monarca francés y reforzando la presencia española en el Mediterráneo occidental. Asimismo, gobernó la Corona de Aragón prescindiendo de la convocatoria de las Cortes.
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