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Epístola a los Hebreos
1. Introducción

Epístola a los Hebreos, epístola que la tradición atribuye a san Pablo.

2. Orígenes

Quién es el autor de esta epístola ha sido un tema sujeto a controversias desde los tiempos de los primitivos cristianos, ya que ha sido atribuida a diversos personajes, además de a Pablo. Algunos de los escritores más antiguos, como el teólogo Tertuliano (siglo III), la atribuyeron a uno de los padres Apostólicos, o a un escriba desconocido que se supone que había registrado las enseñanzas orales de Pablo. Otros, en especial los teólogos asociados a la famosa escuela catequética de Alejandría, desde el siglo II en adelante, la consideraban obra de Pablo, propia o realizada a través de un traductor. Tal fue la opinión que adoptó en el siglo V san Agustín, debido a cuya influencia fue aceptada por la mayoría de los autores de la Iglesia que le siguieron.

Los especialistas modernos coinciden de forma casi unánime en que la epístola no fue escrita por Pablo. Basando esta opinión sólo en las pruebas internas —esto es, en el propio texto— señalan una serie de divergencias con los textos conocidos de Pablo en cuanto a vocabulario, estilo, estructura gramatical y modelos de pensamiento. Por ejemplo, el griego empleado en esta epístola es más puro que el de cualquier otro texto del Nuevo Testamento. El autor cita siempre la versión Septuaginta (en griego) del Antiguo Testamento en lugar de la hebrea, y se guía por la traducción al griego de los originales hebreos. El estilo es rítmico, caracterizándose por una forma sistemática y planificada con extremo cuidado, en comparación con las bruscas y repentinas transiciones características de los escritos paulinos.

3. Contenido

La epístola no está remitida a nadie en particular y comienza sin incluir el saludo usual. Se supone que fue dirigida a una congregación (o congregaciones) compuesta en su mayoría por conversos del judaísmo. Al parecer, estos conversos comenzaban a dudar de la conveniencia del paso que habían dado, probablemente debido a la creciente persecución desencadenada contra los cristianos en el Imperio romano durante los últimos años del siglo I.

La primera sección (la más larga) de la Epístola a los Hebreos (1,1-10,18) es en esencia un tratado teológico, cuyo argumento principal es la superioridad del cristianismo sobre el judaísmo. La breve parte final (10,19-13,25) exhorta a los cristianos a perseverar en la fe. Para fundamentar esta posición teológica, se enuncian y detallan tres argumentos principales. Cristo como Hijo de Dios supera por completo a Moisés, los profetas y los ángeles, ya que los suyos fueron ministerios inferiores entre Dios y la humanidad, en tanto que Dios convirtió a Cristo en 'Aquel... [que] mediante el sufrimiento... iba a guiarlos a la salvación' (2,10). Cristo es el 'Sumo Sacerdote' (4,14); su sacerdocio es 'para siempre' (5,6) y 'llegado a la perfección' (5,9); en consecuencia, es superior al 'sacerdocio levítico' (7,11) en todos sus aspectos. Cristo como el Hijo y como sumo sacerdote es considerado uno en el tercer argumento. Como sumo sacerdote, Cristo se sacrifica, al ofrecer 'de una vez para siempre' (10,10) su vida a cambio de la salvación eterna de todos, mientras que otros sacerdotes están 'en pie, día tras día, oficiando y ofreciendo reiteradamente los mismos sacrificios, que nunca pueden borrar pecados' (10,11).

En ocasiones se ha sugerido que Hebreos fue redactada antes del 70 d.C., fecha en que los romanos destruyeron el Templo, sobre todo porque tras la caída de Jerusalén no quedó ninguna comunidad de cristianos judíos. Sin embargo, algunos especialistas creen que Hebreos se refiere de forma muy acusada a problemas típicos de la era que siguió a la apostólica, y sugieren una fecha más cercana al final del siglo I d.C., quizá entre el 80 y el 90. El libro lleva su título actual desde el año 200. Cómo y por qué lo recibió todavía es objeto de algunas conjeturas académicas.