Epístola a los Hebreos
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Epístola a los Hebreos
2. Orígenes

Quién es el autor de esta epístola ha sido un tema sujeto a controversias desde los tiempos de los primitivos cristianos, ya que ha sido atribuida a diversos personajes, además de a Pablo. Algunos de los escritores más antiguos, como el teólogo Tertuliano (siglo III), la atribuyeron a uno de los padres Apostólicos, o a un escriba desconocido que se supone que había registrado las enseñanzas orales de Pablo. Otros, en especial los teólogos asociados a la famosa escuela catequética de Alejandría, desde el siglo II en adelante, la consideraban obra de Pablo, propia o realizada a través de un traductor. Tal fue la opinión que adoptó en el siglo V san Agustín, debido a cuya influencia fue aceptada por la mayoría de los autores de la Iglesia que le siguieron.

Los especialistas modernos coinciden de forma casi unánime en que la epístola no fue escrita por Pablo. Basando esta opinión sólo en las pruebas internas —esto es, en el propio texto— señalan una serie de divergencias con los textos conocidos de Pablo en cuanto a vocabulario, estilo, estructura gramatical y modelos de pensamiento. Por ejemplo, el griego empleado en esta epístola es más puro que el de cualquier otro texto del Nuevo Testamento. El autor cita siempre la versión Septuaginta (en griego) del Antiguo Testamento en lugar de la hebrea, y se guía por la traducción al griego de los originales hebreos. El estilo es rítmico, caracterizándose por una forma sistemática y planificada con extremo cuidado, en comparación con las bruscas y repentinas transiciones características de los escritos paulinos.