| Epístola a los Hebreos | Vista del artículo | ||||
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| 3. | Contenido |
La epístola no está remitida a nadie en particular y comienza sin incluir el saludo usual. Se supone que fue dirigida a una congregación (o congregaciones) compuesta en su mayoría por conversos del judaísmo. Al parecer, estos conversos comenzaban a dudar de la conveniencia del paso que habían dado, probablemente debido a la creciente persecución desencadenada contra los cristianos en el Imperio romano durante los últimos años del siglo I.
La primera sección (la más larga) de la Epístola a los Hebreos (1,1-10,18) es en esencia un tratado teológico, cuyo argumento principal es la superioridad del cristianismo sobre el judaísmo. La breve parte final (10,19-13,25) exhorta a los cristianos a perseverar en la fe. Para fundamentar esta posición teológica, se enuncian y detallan tres argumentos principales. Cristo como Hijo de Dios supera por completo a Moisés, los profetas y los ángeles, ya que los suyos fueron ministerios inferiores entre Dios y la humanidad, en tanto que Dios convirtió a Cristo en 'Aquel... [que] mediante el sufrimiento... iba a guiarlos a la salvación' (2,10). Cristo es el 'Sumo Sacerdote' (4,14); su sacerdocio es 'para siempre' (5,6) y 'llegado a la perfección' (5,9); en consecuencia, es superior al 'sacerdocio levítico' (7,11) en todos sus aspectos. Cristo como el Hijo y como sumo sacerdote es considerado uno en el tercer argumento. Como sumo sacerdote, Cristo se sacrifica, al ofrecer 'de una vez para siempre' (10,10) su vida a cambio de la salvación eterna de todos, mientras que otros sacerdotes están 'en pie, día tras día, oficiando y ofreciendo reiteradamente los mismos sacrificios, que nunca pueden borrar pecados' (10,11).
En ocasiones se ha sugerido que Hebreos fue redactada antes del 70 d.C., fecha en que los romanos destruyeron el Templo, sobre todo porque tras la caída de Jerusalén no quedó ninguna comunidad de cristianos judíos. Sin embargo, algunos especialistas creen que Hebreos se refiere de forma muy acusada a problemas típicos de la era que siguió a la apostólica, y sugieren una fecha más cercana al final del siglo I d.C., quizá entre el 80 y el 90. El libro lleva su título actual desde el año 200. Cómo y por qué lo recibió todavía es objeto de algunas conjeturas académicas.