| Vista de búsqueda | Literatura polaca | Vista del artículo |
| 1. | Introducción |
Literatura polaca, literatura del pueblo polaco, escrita fundamentalmente en lengua polaca. La actividad literaria en Polonia comenzó durante los tiempos paganos, antes de la cristianización, con una literatura popular transmitida exclusivamente por medio de la tradición oral. Esta literatura primitiva se puede clasificar dentro de dos categorías principales: poesía lírica, centrada en los goces de la existencia, y poesía épica, consistente en fábulas, épicas animales, fábulas morales, leyendas religiosas y cuentos históricos.
| 2. | Periodo medieval |
En el año 966 Polonia entró en la esfera de la cultura cristiana, por lo que adquirió el latín como lengua culta. La cultura precristiana original del país desapareció y, como en el resto de la Europa de esa época, la lengua y la literatura latinas se convirtieron en las principales materias de estudio en todas las escuelas polacas. Entre las más importantes obras polacas escritas en latín se encuentran la Chronica, una obra de carácter biográfico escrita por un autor anónimo del siglo XII llamado más tarde Gallus; la Chronica Polonorum, una crónica alegórica del obispo de Cracovia Wincenty Kadlubek, del siglo XIII; y Annales, otra obra histórica que destaca por la meticulosa erudición de su autor, el obispo Jan Dlugosz, del siglo XV; tres obras con las que la literatura polaca entra a formar parte de la cultura europea de la época.
Entre las obras escritas en lengua vernácula durante este periodo, se encuentran Los sermones de la Santa Cruz, fragmentos en prosa de finales del siglo XIII o comienzos del XIV, Los sermones de Geniezno, del siglo XV, traducciones bíblicas como Salterio de San Florián, de finales del siglo XIV o comienzos del XV, y la Biblia de la reina Sofía, del siglo XV. Asimismo, se escribieron vidas de santos, a menudo rimadas, y poesía en forma de canciones históricas, didácticas y religiosas, proverbios y acertijos, escritos tanto en latín como en polaco. Bogurodzica (Madre de Dios), un himno religioso en honor de la Virgen María, está considerado como el poema polaco más antiguo, y ha sido canto de guerra e himno nacional polaco. Un ejemplo importante de poesía laica polaca es el Diálogo entre el maestro y la muerte, una obra del siglo XV, con bastantes elementos de sátira social.
| 3. | El renacimiento |
A finales del siglo XV la literatura polaca experimentó cambios significativos y conoció su edad de oro. Coincidió con el renacimiento europeo, que se extendió por el país entre los años 1500 y 1600. La tradición historiográfica medieval no se perdió durante esos años, pues la continuaron autores como Maciej de Miechów en dos obras en latín, Tractatus de Duabus Sarmatiis (Tratado de los dos Sarmatis, 1517) y Chronica Polonorum (Crónica de los polacos) y, posteriormente, Marcin Kromer en su obra, también en latín, De Origine et Rebus Gestis Polonorum (Sobre el origen y las gestas de los polacos, 1555), y Marcin Bielski y Maciej Stryjkowski, que escribieron crónicas en polaco. El pensamiento social y político de la época quedó plasmado en el conocido tratado en latín De Republica Emendanda (Sobre la república reformada, 1551-1554), de Andrzej Frycz Modrzewski. Durante este periodo, en el que destaca el jesuita Piotr Skarga, que siguió la tradición de la retórica clásica, se continuaron escribiendo sermones y hagiografías.
La poesía vivió un gran momento de esplendor durante este periodo, mayor que en cualquier época anterior de la historia polaca. En los primeros años del renacimiento polaco publicaron importantes obras poéticas en latín Pawel de Krosno, Andrzej Krzycki, Jan Dantyszek, Mikolaj Hussowski y Klemens Janicki, escritor laureado y considerado como el más original de la época. Hacia la mitad del siglo XVI, el polaco comenzó a sustituir al latín como lengua literaria del país.
Entre los principales escritores de este periodo se encuentra Mikolaj Rej, que cultivó, tanto en prosa como en verso, diálogos dramáticos y obras morales y didácticas, como Imagen propia de la vida de un hombre honrado (1558), Espejo (1567-1568), y Bestiario (1562). La figura más significativa de la poesía polaca fue, sin embargo, el poeta, predominantemente lírico, Jan Kochanowski, que tradujo el Salterio de David (1578) y escribió canciones, epigramas y Endechas (1580), un ciclo de poemas en los cuales lloraba la pérdida de su hija. Es autor, asimismo, de una conocida obra teatral basada en motivos clásicos, El despido de los embajadores griegos (1578), y fue el primer escritor que cultivó la poesía satírica y la tragedia clásica al mismo tiempo.
Otros poetas destacaron también en este terreno, entre ellos Sebastian Fabian Klonowic, que escribió los poemas en latín Roxolania (Rutenia, 1584), en los que describe la vida de los rutenios, y Victoria Deorum (La victoria de los dioses, 1587), centrado en problemas educacionales y morales, y otros en polaco, como El barquero (1595) y La bolsa de Judas (1600), que retrata las clases sociales bajas de la Polonia de su tiempo. Szymon Szymonowic fue autor de una colección de Idilios en lengua vernácula, un género poético que se cultivó hasta el siglo XIX, y Mikolaj Sep Szarzynski publicó Rimas (1601), una colección de poesía lírica en estilo barroco.
| 4. | Siglo XVII y comienzos del siglo XVIII |
El siglo XVII fue un periodo de abundante producción literaria y una época en que la literatura polaca comenzó a exhibir una gran diversidad. La revuelta política y militar de esos años quedó de manifiesto en numerosos diarios, en especial en el realista y colorido Memorias (1656-1688) de Jan Chryzostom Pasek. Muchas obras poéticas se centraron en temas históricos, como Derrotas sin derrotas (1674) de Wespazjan Kochowski, que describe los triunfos y derrotas militares de la época. Inspirado por los acontecimientos de esos tiempos, Kochowski escribió asimismo una obra en prosa en estilo bíblico, La Salmodia (1695), y otra histórica en latín, Annales (1683). La épica patriótica de La guerra de Chocim (1670) de Waclaw Potocki, inspirada por las obras del poeta italiano Torquato Tasso, celebra la victoria sobre los turcos en 1621, y en El jardín (1690-1691) ofrece una amplia visión de la vida cotidiana de la Polonia de su tiempo. Samuel Twardowski escribió las extensas crónicas rimadas Wladyslaw IV (1649) y Guerra civil contra los cosacos y los tártaros (1681), y el idilio dramático Dafnis (1638). Otro poeta, Maciej Kazimierz Sarbiewski, fue autor de poemas líricos en latín que le valieron el sobrenombre de “el Horacio cristiano”, mientras Szymon Zimorowic escribió numerosos poemas líricos e idilios eróticos en polaco, al igual que Jan Andrzej Morsztyn, poeta magistral que escribió las colecciones de poemas Vida de perro (1647) y El laúd (1661).
El siglo XVII estuvo marcado también por la producción de comedias, como las de Stanislaw Herakliusz Lubomirski, así como de numerosas sátiras a través de las cuales se criticaba la situación política y social, terreno en el que destacaron autores como Krzysztof y Lukasz Opalinski.
| 5. | La Ilustración |
La literatura polaca durante la Ilustración (aproximadamente de 1764 a 1795) fue esencialmente racionalista e hizo hincapié en el conocimiento empírico y en la difusión de reformas sociales y políticas. Entre los pensadores que trataron problemas relacionados con la educación se encuentran Hugo Kollataj y Stanislaw Staszic. En esta época alcanzaron especial relevancia las fábulas, las sátiras y las comedias de costumbres, géneros que cultivaron casi todos los autores destacados del periodo, como Franciszek Bohomolec, que escribió comedias basadas en los modelos franceses, y Franciszek Zablocki, autor de obras teatrales sobre las costumbres sociales de su tiempo, como El petimetre enamorado (1781). Otros importantes autores teatrales fueron Julian Ursyn Niemcewicz, que escribió la célebre comedia política El regreso del diputado (1790), y Wojciech Boguslawski, creador de la ópera cómica El falso milagro o cracovianos y montenegrinos (1794).
También Tomasz Kajetan Wegierski, Adam Naruszewicz e Ignacy Krasicki crearon memorables sátiras, y los dos últimos escribieron, además, fábulas influidas por modelos clásicos y franceses. El versátil Krasicki fue asimismo autor de dos poemas heroico-burlescos en los que critica los males de la sociedad, La guerra de los ratones (1775) y Monacomaguia o la guerra de los monjes (1778), y de la primera novela moderna polaca, Experiencias de Mikolai Doswiadczynski (1776), con apreciables influencias de Swift y Rousseau, y Fábulas y apólogos (1778), en las que expuso su programa de reformas sociales. El mundo de las emociones y el interés por la naturaleza fueron temas centrales de las obras de autores, como Franciszek Dyonizy Kniaznin y Franciszek Karpinski.
| 6. | Romanticismo |
Entre 1795 y 1831, un periodo considerado como el más interesante de la literatura polaca, resulta evidente la influencia de dos tendencias europeas, el neoclasicismo y el romanticismo. Pertenecientes al primer movimiento, Alojzy Felinski escribió la tragedia en verso Barbara Radziwillowna (1820) situada en el siglo XVI, y Kajetan Kozmian escribió poemas y odas sumamente descriptivos. A pesar del predominio del racionalismo, en esta época se escribieron también numerosos romances, canciones e idilios centrados en los sentimientos, entre los cuales destaca el enormemente popular idilio Wieslaw (1820), obra de Kazimierz Brodzinski.
La literatura romántica fue sustituyendo a la neoclásica, inspirada en un principio por los escritores alemanes y, más adelante, por los poetas ingleses, en especial por lord Byron, y alcanzó su punto de madurez entre 1831 y 1864. El más importante de los poetas románticos, merecedor de un amplio reconocimiento internacional, fue Adam Mickiewicz, autor de obras fundamentales a la hora de consolidar los ideales románticos dentro de la literatura polaca: Baladas y romances (1822), en la que utilizó motivos folclóricos; Sonetos de Crimea (1826), que describe escenas exóticas; y Los antepasados (1823-1832), que incluye elementos tanto folclóricos como patrióticos. Además de esas importantes obras, escribió también el poema épico nacional polaco, Padre (Pan) Tadeusz (1834), de gran valor artístico.
Juliusz Slowacki escribió obras maestras de poesía lírica, muy influidas por William Shakespeare y Pedro Calderón de la Barca, entre las cuales se encuentra el impresionante poema místico-histórico El rey espíritu (1847), y Beniowski (1841). Fue autor, asimismo, de dramas históricos y simbólicos, como Mazepa (1840), María Estuardo (1830) y Kordian (1834). El tercero de los grandes poetas románticos polacos, Zygmunt Krasinski, consiguió renombre gracias a dos dramas poéticos La no-divina comedia (1835), que se centraba en problemas ligados a la revolución social, e Irydion (1836), situado en la antigüedad.
Los tres escritores comparten, además de su inspiración romántica, el haber producido su obra en el exilio, pues Mickiewicz había sido enviado a Rusia en 1824 por llevar a cabo actividades revolucionarias siendo estudiante, mientras que Slowacki y Krasinski se marcharon a Francia tras el fracaso de la insurrección de 1830.
Otros interesantes poetas románticos polacos escribieron en su país. Así, Bohdan Zaleski fue autor de El espíritu de la estepa (1841), Seweryn Goszczynski, escribió Castillo de Kaniow (1828), centrado en la rebelión campesina, y Antoni Malczewski creó el cuento en verso Maria (1825). Por otro lado, Cyprian Kamil Norwid, el último de los poetas románticos y el primer simbolista polaco deja, entre otros escritos, el ciclo lírico Vademecum (1865-1866), una obra muy adelantada a su tiempo, tanto en contenidos filosóficos como en técnica artística.
La sensibilidad romántica auspició el surgir de numerosos géneros literarios, como el cuento de costumbres, que cultivaron, tanto en prosa como en verso, Wincenty Pol, Wladyslaw Syrokomla y Henryk Rzewuski. La novela histórica encontró un inusualmente prolífico autor en Józef Ignacy Krazewski, quien escribió Cuentos antiguos (1876), La condesa Cosel (1874), Briihl (1875) y las novelas románticas Ulana y Resurrecturi, mientras que Aleksander Fredro es autor de obras más clásicas, como las comedias Promesas de muchachas (1833), La venganza (1834) y Padre Jowialski (1832).
| 7. | Positivismo polaco |
La segunda mitad del siglo XIX en Polonia está marcada por el surgir de una nueva escuela literaria, el positivismo. La producción literatura de esos años fue predominantemente en prosa, se caracterizó por un realismo crítico y la preocupación por temas patrióticos y sociales. Hacia el final del periodo se añadieron tendencias naturalistas. Boleslaw Prus (seudónimo de Aleksander Glowacki) escribió relatos cortos y novelas muy interesantes, como La avanzada (1886), La muñeca (1890), Los emancipados (1893) y Faraón (1897), al igual que Eliza Orzeszkova, autora, entre otras, de Meir Ezofowicz (1878) y de la épica En el Niemnem (1888). Entre los poetas del periodo destaca Maria Konopnicka, que escribió, además de poemas líricos, relatos en los que protestaba por las injusticias sociales, y El señor Balzer en Brasil (1910), un extenso poema épico acerca de los emigrantes polacos.
Pero de todos los géneros literarios, la novela histórica fue el que más se cultivó durante este periodo. Así, Henryk Sienkiewicz, quien en 1905 se convirtió en el primer escritor polaco en recibir el Premio Nobel, escribió una interesante trilogía, ambientada en el siglo XVII, que comprende las novelas A sangre y fuego (1884), El diluvio (1886) y El señor Wolodyjowski (1887-1888). Fue autor, asimismo, de Los caballeros teutones (1900), que gira en torno a las relaciones entre Polonia y la Orden Teutónica en el siglo XV, y de la aclamada Quo Vadis? (1896), en la que se evoca a los primeros cristianos de Roma.
| 8. | La Joven Polonia |
En la historia de la literatura polaca, los años que van de 1890 a 1918 se denominan periodo de la “Joven Polonia”, movimiento que englobó diferentes grupos literarios unidos por su oposición al positivismo. Fue una época de crisis intelectual, de cosmopolitismo fin de siècle y de decepción generalizada dentro de los ambientes culturales. Miriam (seudónimo de Zenon Przesmycki), traductor, crítico literario y editor de la prestigiosa revista Chimera, fue una figura clave para la extensión de consignas ideológicas y artísticas durante esos años, del mismo modo que lo fue el novelista y autor teatral Stanislaw Przybyszewski, que escribió en alemán y en polaco. De entre los poetas de este periodo destacan Kazimierz Przerwa-Tetmajer, autor de sutiles poemas líricos, y Jan Kasprowicz, con una poesía simbólica y pesimista.
En cuanto a la narrativa, uno de los más interesantes artistas de la Joven Polonia fue Wladyslaw Stanislaw Reymont, galardonado con el Premio Nobel de Literatura en 1924, y autor de las novelas La tierra prometida (1899) y Los campesinos (1902-1909), una extensa obra épica en la que narra un año de la vida de un pequeño pueblo polaco. Por otro lado, Stefan Zeromski escribió novelas y cuentos patrióticos de gran contenido social, destacan Cenizas (1904), una novela histórica sobre las Guerras Napoleónicas, y Río fiel (1913), mientras que Stanislaw Wyspianski fue el más eminente de los autores teatrales de la época de la Joven Polonia. Sus obras, a menudo simbólicas, ofrecían una visión original de la historia de Polonia y un análisis penetrante de la situación social de su época. Entre sus obras teatrales se encuentran La varsoviana (1898), Liberación (1903), Noche de noviembre (1904) y Las bodas (representada por primera vez en 1901).
| 9. | La literatura polaca contemporánea |
Después de la I Guerra Mundial, Polonia, cuyo territorio había estado repartido entre varias potencias europeas desde el siglo XVIII, recuperó su independencia. Fue éste un periodo de gran riqueza y variedad literaria, en el que la poesía y la prosa sufrieron grandes transformaciones gracias al estrecho contacto con otras literaturas europeas. La II Guerra Mundial debilitó la actividad literaria, pero no la suprimió por completo, pues durante los últimos cincuenta años, Polonia ha continuado creando una literatura de considerable riqueza y diversidad tanto artísticas como ideológicas.
Entre los más destacados escritores de esa época se encuentran el poeta y filósofo Leopold Staff, que había comenzado a escribir durante el periodo de la Joven Polonia y, más adelante, publicó numerosos libros de poesía de corte clásico, como Sonrisas de las horas (1910) y Los árboles altos (1931); el también poeta Julian Tuwim, particularmente interesado en los fenómenos lingüísticos, que dejó varias colecciones de poemas líricos caracterizados por su dinamismo y espontaneidad, entre los que se cuentan Al acecho de Dios (1918) y Sócrates baila (1920); y Konstanty Ildefons Galczynski, que recurrió a motivos clásicos para componer su poema Niobe (1951) y creó, además, numerosas obras líricas de tono irónico y grotesco. Por otro lado, Jan Lechon (seudónimo de Leszek Serafinowicz) escribió Poema carmesí (1920) como reacción a la I Guerra Mundial, y Wladyslaw Broniewski continuó la tradición de la poesía revolucionaria en sus libros Humo en la ciudad (1927) y El último grito (1939).
En la siguiente generación de poetas polacos, las figuras más sobresalientes fueron las del moralista y autor teatral Tadeusz Rózewicz, conocido por su crítica a las crueldades de la guerra, y Zbigniew Herbert, uno de los mejores poetas modernos polacos, que trató especialmente los problemas asociados a la civilización y la historia actuales, y que es conocido, sobre todo, por su poema La elegía de Fortimbrás.
Mientras Herbert consideraba Grecia la esencia europea y se buscaba todo tipo de enemistades, su contemporánea Wislawa Szymborska escribía sobre la condición humana desde su retiro voluntario de Cracovia. Al principio lo hizo desde el inevitable realismo socialista (Preguntas planteadas a una misma, 1954) pero más adelante, en Llamada a Yeti (1957), ajusta las cuentas al dogmatismo y se inclina hacia planteamientos existencialistas, en los que desarrolla una obra tan interesante, personal y cartesiana que en 1996 recibió el Premio Nobel de Literatura.
Otro gran poeta polaco de nuestros días es Czeslaw Milosz, que vive en Estados Unidos. En su libro Salvación (1950) reunió toda su producción del periodo bélico. Posteriormente publicó otras obras como Tratado de poesía (1957) o Donde sale y se pone el sol (1974), de hondo lirismo. Milosz recibió el Premio Nobel de Literatura en 1980 por una erudita y estimulante poesía que refleja el dolor espiritual del exilio, tema cuya exploración continúa en su obra en prosa, La tierra de Ulro (1977), visión muy distinta de la que predomina en otra novela anterior, El valle de Issa (1955), de carácter semiautobiográfico, en la que llevó a cabo una mítica y poética evocación de su niñez en Lituania.
El papa Juan Pablo II (Karol Jozef Wojtyla), nacido en Polonia, es también un destacado escritor de lengua polaca, que ha publicado obras de poesía religiosa, como Vigilia de Pascua y otros poemas (1978), y algunas obras teatrales.
Entre los más destacados prosistas se encuentran Maria Dabrowska, que escribió Noches y días (1932-1934), una extensa crónica familiar situada en los años que precedieron a la I Guerra Mundial; Zofia Nalkowska, autora de novelas centradas en temas sociales y psicológicos, como La frontera (1935) y Medallones (1946), en la que se trata la ocupación nazi de Polonia, y Jerzy Andrzejewski, autor, entre otras, de dos novelas, Cenizas y diamantes (1948) —adaptada más tarde al cine por Roman Polanski—, sobre la realidad polaca tras la II Guerra Mundial, y la satírica Helo aquí que viene saltando sobre las piedras (1963). De gran importancia son, asimismo, Jaroslaw Iwaszkiewicz, creador de una novela autobiográfica, Fama y gloria (1956-1962), conocido también como poeta y autor de relatos breves; Kazimierz Brandys, que escribió un ciclo de novelas psicológicas titulado Entreguerras (1947-1951), un ajuste de cuentas con los intelectuales polacos, y una novela en forma de diario, Cartas a la señora Z (1958-1960), y Teodor Parnicki, que escribió novelas históricas como Sólo Beatriz (1962), en la que relaciona diversas culturas.
La parodia, el humor absurdo y el gusto por lo grotesco son tres de las características más destacadas de la literatura polaca contemporánea, en particular en la producción de Stanislaw Ignacy Witkiewicz, autor de numerosas novelas y obras de teatro experimentales; en la de Witold Gombrowicz, con novelas como Ferdydurke (1937) y Cosmos (1965), y en la obra de Slawomir Mrozek, autor de dramas teatrales que ponen al descubierto la realidad humana contemporánea a través de deformaciones surrealistas, como se puede comprobar en Policía (1958), La lluvia (1962) y Tango (1965).
La ciencia ficción es un género en el que destaca sobre todo, el internacionalmente conocido Stanislaw Lem, cuyas obras, tanto novelas como ensayos, reflejan su sólida formación científica y filosófica. Obras importantes suyas son: Diarios de las estrellas: Viajes y Memorias (1957), Solaris (1961, llevada al cine en 1972 por Andréi Tarkovski), Ciberiada (1965) y Congreso de futurología (1971).
Además de la producción de obras de gran extensión, la literatura contemporánea polaca se caracteriza por la popularidad de géneros como la fábula, la parábola filosófica, el ensayo y el aforismo (véase Proverbio). El autor más destacado de este último es Stanislaw Jerzy Lec.