Ciencia bíblica
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Ciencia bíblica
2. La erudición bíblica pre-crítica

A los antiguos eruditos bíblicos judíos y cristianos les preocupaba reconciliar las disparidades provocadas por los autores humanos con sus convicciones de que la Biblia era un producto de la inspiración divina: dictada en persona por Dios al autor humano o sugerida al autor a través de sueños, visiones y otras presentaciones indirectas. Tendía a hacerse hincapié en el elemento divino a expensas del humano. Los primeros rabinos de Palestina y Babilonia (200-500 d.C.), cuyas discusiones se conservan en las tradiciones judías recopiladas en el Talmud, pretendían alcanzar una coherencia entre las muchas aseveraciones de la Biblia y entre la Biblia y el propio judaísmo, que consideraban una interpretación del Antiguo Testamento inspirada por Dios. Para lograr esta coherencia se realizaron tipos de razonamiento que, a la luz de las normas modernas de la explicación textual, parecen con frecuencia retorcidos y arbitrarios (véase Mishná).

En el mundo helénico, el erudito judío Filón de Alejandría hizo esfuerzos similares para demostrar la correspondencia del Antiguo Testamento con la concepción del mundo de filósofos y científicos griegos. Para lograr esta reconciliación, recurrió al alegorismo (véase Alegoría), el proceso interpretativo en el que se descarta el significado superficial o literal de un texto en favor de un significado más profundo (divino, en este caso) que subyace en el mismo y que sólo puede ser percibido por los iniciados.

La mayoría de los primeros padres de la Iglesia utilizaron el mismo método. Estaban convencidos de que el significado real del Antiguo Testamento era lo que había llegado a desembocar en el Nuevo Testamento y en las interpretaciones cristianas posteriores. Los primeros intérpretes del Nuevo Testamento tendían a tratar la totalidad del Antiguo Testamento como libro cristiano, en el que todo lo que se hace o se dice tiene un significado sólo en la medida en que simboliza o augura lo que más tarde se cumplirá en Cristo y en su Iglesia (véase Apócrifos del Nuevo Testamento).

En la actualidad, algunos comentaristas cristianos siguen pensando en el Antiguo Testamento sobre todo en términos de su relevancia para la Iglesia cristiana, tal y como lo hizo el Concilio Vaticano II, al menos en algunas partes de su doctrina con relación a las Escrituras. Esta posición genera ciertas tensiones respecto a lo que ha llegado a conocerse como método histórico-crítico, que contempla y estudia la Biblia como una obra literaria escrita por un autor humano, conformada por los estilos y convenciones literarias de su época.