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Resistencia longitudinal, en ingeniería, resistencia de un cuerpo a las fuerzas longitudinales que intentan romperlo. El término también se aplica a la resistencia a la tracción, y se define como la fuerza por unidad de sección que resiste un cuerpo antes de romperse. En teoría, la máxima resistencia longitudinal la presentan los cristales puros, en los que la fuerza longitudinal sería la requerida para romper las moléculas. De hecho no existe una resistencia tan alta debido a defectos de las estructuras cristalinas, que en realidad son conjuntos de cristales, o debido a las impurezas que suelen estar presentes.
Las resistencias longitudinales más altas, para su utilización en ingeniería, se han conseguido elaborando, con tratamientos controlados de calor, aleaciones de acero, que se usan sobre todo para fabricar alambres. Los cables de sustentación de puentes, por ejemplo, se elaboran trenzando miles de cables finos, que presentan mayor resistencia que barras más gruesas con la misma sección total. Los materiales con estructuras toscamente cristalinas, como el hierro colado, presentan resistencias longitudinales muy bajas y se utilizan en las estructuras en elementos que sólo precisan resistencia a la compresión. El hormigón también tiene baja resistencia longitudinal, debido a su estructura amorfa, y debe reforzarse con barras de acero para soportar las tensiones a las que suele estar sometido. Véase también Fatiga (materiales); Ciencia y tecnología de los materiales; Metales.