Iglesia anglicana
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Iglesia anglicana
3. Iglesia nacional

Las acciones del Parlamento entre 1529 y 1536 marcaron el inicio de la Iglesia anglicana como iglesia nacional, independiente de la jurisdicción papal. El gran contratiempo que le provocó al rey Enrique VIII la negativa que recibió de parte del papa Clemente VII con respecto a la anulación de su matrimonio con Catalina de Aragón, indujo al Parlamento inglés a crear una serie de estatutos que rechazaban todo poder y jurisdicción papal sobre la Iglesia de Inglaterra. El rey reafirmó el antiguo derecho de los príncipes cristianos a ejercer la supremacía sobre los asuntos de la Iglesia que estaba dentro de sus dominios. Citó precedentes respecto de las relaciones entre la Iglesia durante el Imperio romano de Oriente y hasta el siglo IX, bajo Carlomagno. A pesar de que su actuación resultó convulsiva, Enrique VIII fue apoyado de forma abrumadora por los ingleses, tanto clérigos como laicos. Principalmente, porque no se introdujeron cambios drásticos ni en la fe católica ni en las prácticas religiosas a que estaban acostumbrados los ingleses. Después de la muerte del rey Enrique VIII, en Inglaterra se hizo sentir con más fuerza la influencia de la Reforma, y en 1549 se publicó el primer libro de oraciones anglicanas, estableciendo la obligatoriedad de que fuera usado por los clérigos ingleses; el hecho quedó refrendado por el Acta de la Uniformidad. El segundo libro de oraciones, que refleja con más fuerza la influencia del protestantismo continental, fue editado en 1552, seguido al poco tiempo por la publicación de los Cuarenta y dos artículos, un estatuto doctrinal de similares características. Con el ascenso al trono de María I Tudor en 1553, ambos libros fueron suprimidos. Esta reina hizo que Inglaterra volviera a someterse de modo oficial a la obediencia al papado, situación que duró hasta 1558, año en que murió.

En 1558 surgió una controversia religiosa en Inglaterra, cuando la reina Isabel I sucedió en el trono a María I. Fueron reimplantadas la mayoría de las leyes eclesiásticas de Enrique VIII, y con el Acta de Supremacía se definió en forma más específica la autoridad de la Corona sobre la Iglesia. En otra Acta de Uniformidad, se estableció el uso de un libro de oraciones habituales que evitaba los excesos permitidos por el segundo libro de oraciones protestantes. Durante el reinado de Isabel I creció mucho el poder de los puritanos, se volvieron más insistentes sus demandas con respecto a nuevas reformas dentro de la Iglesia anglicana y se orientaron más hacia el protestantismo de Ginebra y de otros centros religiosos de la Europa continental. Con el ascenso al trono de Inglaterra del primer monarca de la familia de los Estuardo, Jacobo I (1603), la inquietud en torno a los cambios religiosos se asoció muy directamente con los conflictos que existían entre el Parlamento y el absolutismo de los Estuardo. Alrededor de 1645, el partido del Parlamento tuvo la suficiente fuerza para declarar como fuera de la ley el uso del libro de oraciones; en 1649, Carlos I, rey de Inglaterra, fue ejecutado, y quedó derrocada así, aunque sólo temporalmente, la monarquía inglesa.

En 1662, tras la llegada al poder de Carlos II, una tercera Acta de Uniformidad volvió a solicitar la utilización del libro de las oraciones, edición en la que venían revisados y corregidos los puntos esenciales. Surgió un nuevo problema en la Iglesia anglicana cuando el rey Jacobo II trató de reimplantar la práctica del catolicismo romano en Inglaterra. Sin embargo, se vio obligado a ceder su trono tras la revolución de 1688 a Guillermo III y a María II.