Iglesia (arquitectura)
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Iglesia (arquitectura)
3. Las iglesias paleocristianas

La disposición de las primeras iglesias también varió dependiendo de las épocas y de los lugares geográficos, a menudo adaptando al nuevo culto las antiguas tipologías paganas. Los primeros lugares de congregación fueron las casas de algunos miembros destacados, que adecuaban al uso religioso un espacio público llamado titulae. Después de la legalización del cristianismo en el año 313, gracias al Edicto de Milán, aparecieron por todo el Imperio romano numerosas basílicas e iglesias de planta centralizada. Las más importantes se construyeron sobre los lugares sagrados, como la basílica del Santo Sepulcro en Jerusalén, levantada en el lugar donde se cree fue enterrado Jesucristo, o la basílica de San Pedro en Roma, allí donde fue crucificado el primer santo padre de la Iglesia. La primera se compone de una iglesia circular donde se encuentra el sepulcro, situado en el centro de una rotonda cubierta por una cúpula, y de una basílica que la precede, donde se adora la cruz hallada por santa Elena. La basílica de San Pedro en Roma, demolida por el papa Julio II para erigir el templo renacentista que hoy conocemos, fue una enorme iglesia que modificó la tipología basilical pagana, añadiéndole un transepto o nave transversal que completaba una planta de cruz latina, y un atrio que servía como acceso procesional. Las formas rotondas y las plantas centralizadas se mantuvieron en el Imperio romano de Oriente, donde a lo largo de la edad media apareció una composición que consistía en cinco espacios cupuliformes unidos en forma de cruz griega. También en Occidente se mantuvo la tipología de simetría radial, sobre todo en los templos construidos por las órdenes militares, en conmemoración del templo constantiniano de Jerusalén.