| Literatura argentina | Vista del artículo | ||||
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| 3. | La independencia |
Como en el resto de América, la emancipación fue muy celebrada por la pluma, pero siempre bajo la paradójica dependencia del clasicismo español. Así se observa en los versos de Vicente López y Planes (autor de la Marcha patriótica, himno nacional argentino), Esteban de Luca, fray Cayetano Rodríguez y Juan Cruz Varela (1794-1839), figura mayor de la tendencia y autor de una rica obra, con títulos como La Elvira o su célebre poema Al 25 de mayo de 1838. El teatro, iniciado en 1717 con una Loa de Antonio Fuentes del Arco, consiguió en 1817 abrir una Sociedad del Buen Gusto destinada a combatir las ‘malas costumbres’ del barroco e imponer el racionalismo (véase Leandro Fernández de Moratín). En los escritos y traducciones de José Antonio Miralla (1789-1825) se advierte una evolución hacia el romanticismo. En el plano de las ideas, la escolástica dio paso a los planteamientos de la fisiocracia que introdujo el militar y político independentista Manuel Belgrano y a las ideas de Jean-Jacques Rousseau, traducido por el político Mariano Moreno. Véase también Literatura independentista y patriótica.
En rigor, puede afirmarse que no hay una auténtica literatura argentina hasta la generación del 37. La huella romántica, iniciada por Esteban Echeverría, se prolongó en las obras de poetas como Olegario Víctor Andrade, Almafuerte y Claudio Mamerto Cuenca, y el neoclasicismo hasta Carlos Guido y Spano. Paralelamente a esa generación, se desarrolla la literatura y poesía gauchesca, en la que la figura del gaucho se va introduciendo en el mundo de las letras cultas rioplatenses, y cuya figura principal será José Hernández y su gran poema El gaucho Martín Fierro. Otros de sus representantes son: Bartolomé Hidalgo, Rafael Obligado, Hilario Ascasubi y Estanislao del Campo.
José Mármol, en tanto, es considerado el primer novelista de relevancia de Argentina, a partir de la publicación, en 1855, de la novela política Amalia.