| Camino de Santiago | Vista del artículo | ||||
| En el menú Archivo, haz clic en Imprimir para imprimir la información. | |||||
| 2. | El Camino de Santiago durante la edad media |
Durante el siglo X, las condiciones para el desarrollo de la peregrinación compostelana fueron poco favorables, debido a la inseguridad del Camino y a la concentración de los afanes cristianos en la defensa frente al califato de Córdoba. Sería a partir del siglo XI cuando se consolidaría plenamente esta ruta de peregrinación, coincidiendo con el crecimiento y la expansión económica que se producen en toda Europa. Alentó su desarrollo el monarca navarro Sancho III el Mayor, que obtenía importantes beneficios del paso de peregrinos por su reino, mientras que en las tierras castellano-leonesas fue Alfonso VI su más firme defensor. Otros grandes valedores del Camino durante ese siglo XI fueron los monjes cluniacenses, que utilizaron la ruta como elemento de renovación eclesiástica y como vía de penetración de la reforma gregoriana.
La infraestructura viaria del Camino se asentaba sobre una vía de la época romana en la que se introdujeron pequeños cambios que consolidaron la ruta definitiva. Coincidiendo con la época de mayor esplendor de la ruta jacobea, surgieron a lo largo del Camino hospederías y hospitales donde se daba cobijo a los peregrinos. Igualmente, comenzaron a construirse puentes y a repararse caminos. A principios del siglo XII, ya estaban fijados los itinerarios principales de la ruta compostelana como demuestra la primera guía del Camino, que aparece en 1139 y que está incluida en el libro V del Códice Calixtino. Desde Francia, las principales rutas pasaban por el puerto de Somport, y después por Jaca o por Roncesvalles y Pamplona. Las dos rutas se unificaban en Puente la Reina y desde aquí el Camino se dirigía a Estella, Logroño, Nájera y Santo Domingo de la Calzada, en tierras riojanas; Burgos, Castrojeriz, Frómista, Carrión de los Condes, Sahagún, León y Astorga, en la meseta del Duero; Ponferrada y Villafranca, en el Bierzo; Cebrero, Portomarín, Triacastela y Palas de Rei, en Galicia; para concluir en Santiago de Compostela. Además de estos itinerarios principales, existían otras rutas secundarias que conducían a los peregrinos a diversos lugares de culto. Hasta el siglo XIII, se desarrolló la etapa más brillante del Camino de Santiago, que fue testigo del paso de todo tipo de peregrinos, quienes, procedentes de cualquier comarca cristiana de Europa, acudían a Santiago movidos por diversos intereses, tanto religiosos como económicos. Los peregrinos utilizaban tres elementos básicos que pronto se convirtieron en sus símbolos distintivos: el zurrón (morral), el bordón o bastón, y la calabaza para almacenar vino. Fue también en el siglo XIII cuando se consagró la monumental catedral compostelana. A la ceremonia, que tuvo lugar en abril de 1211, asistió el rey Alfonso IX de León, bajo cuya soberanía se encontraba el territorio gallego.
En los últimos siglos de la edad media, la peregrinación a Compostela experimentó cierto retroceso. La peste negra, las frecuentes guerras europeas, el Gran Cisma que se produjo en el mundo cristiano en 1378, entre otros motivos, dañaron el pujante desarrollo de las peregrinaciones a Santiago.