Alejandro Malaspina
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Alejandro Malaspina
3. La expedición Malaspina

El 10 de septiembre de 1788, presentó al rey español Carlos III (más exactamente a su secretario de Marina, Antonio de Valdés) su plan para realizar un viaje de carácter científico y político alrededor del que se ha dado en llamar imperio español: las posesiones coloniales hispanas en América y Asia. Dicho proyecto obtuvo el consentimiento regio el 14 de octubre. El plan lo había propuesto conjuntamente con otro capitán de fragata, el santanderino José Bustamante y Guerra.

1. Distinguidos expedicionarios

Sería la expedición científica española más importante de cuantas tuvieron lugar durante la denominada Ilustración. Como se ha dicho, el viaje tenía también un sentido político, pues planteaba el estudio de la posible reforma del sistema colonial español, proponiendo la transformación de las colonias en naciones libres bajo el control directo de la monarquía. La expedición, patrocinada por Carlos III, se inició el 30 de julio de 1789, siete meses después del fallecimiento del monarca, cuando ya reinaba su hijo, Carlos IV. Estuvo formada por dos corbetas llamadas Descubierta (comandada por el propio Malaspina, ya capitán de navío) y Atrevida (al mando de la cual estaba Bustamante y Guerra) y en ella figuraron científicos y artistas que se hicieron cargo de las diferentes investigaciones que se realizaron a lo largo del recorrido. El responsable de la historia natural fue el primer teniente Antonio Pineda, al que se unieron dos naturalistas foráneos, uno de origen francés, Luis Née, y otro de la región de Bohemia, Tadeo Hanke, que se incorporó en Valparaíso y no regresó con la expedición. El alférez Felipe Bauzá fue el director de los trabajos cartográficos y del dibujo, y los oficiales Dionisio Alcalá Galiano y Juan Gutiérrez de la Concha se hicieron cargo de los estudios astronómicos, entre otras facetas relacionadas con la elaboración de cartas marinas o la clasificación del material. Las ilustraciones se debieron a los pintores españoles José del Pozo, Tomás de Suría y José Guió, pintor y disecador este último, y a los italianos Fernando Brambila y Juan Ravenet. Junto a ellos, como dibujante, también intervino el marinero José Cardero.

2. El viaje

El largo recorrido de la expedición Malaspina se inició en Cádiz, desde donde llegó a Montevideo, para pasar después, todavía en el área rioplatense, a Buenos Aires. Bajó por la costa atlántica hasta el cabo de Hornos y, desde allí, se dirigió a los puertos chilenos de Chiloé, Talcahuano y Valparaíso, subiendo posteriormente a los peruanos de Arica y Callao, hasta llegar al ecuatoriano de Guayaquil, desde donde siguió, hacia el virreinato de Nueva España, a Panamá y más tarde al puerto nicaragüense de El Realejo. Acapulco fue el siguiente destino y, desde allí, emprendió viaje hacia el norte en busca del paso de Ferrer Maldonado (el más conocido como paso del Noroeste, los míticos estrechos de Anián), que supuestamente comunicaba los océanos Atlántico y Pacífico.

El puerto de Mulgrave, cerca de, Anchorage (actual capital de Alaska) fue su punto de referencia, aunque la expedición llegó más al norte, también en Alaska, hasta la bahía Yakutat, para pasar posteriormente a Nootka (o Nutka), en la Columbia Británica (también en Canadá), y emprender a continuación el regreso a Acapulco, desde donde inició la travesía a Oceanía. Llegó a las islas Marianas (Guam entre ellas) y desde allí pasó a las Filipinas, donde fondeó en diferentes puertos hasta llegar a Manila. El siguiente punto fue Macao, en la costa china, y a continuación Sydney, ya en Australia, la isla de Nueva Zelanda, donde los expedicionarios arribaron al canal de Dusky Sound, y el archipiélago de Tonga (entonces llamado Vavao o Vava’u, aunque en realidad este es el nombre de uno de los grupos de islas que lo forman), desde donde se dirigieron nuevamente a las costas sudamericanas por el mismo camino del cabo de Hornos para emprender el regreso a España, adonde llegaron, en concreto a su puerto de partida, el gaditano, el 21 de septiembre de 1794.

Aunque se perdió buena parte de sus aportaciones, en especial las observaciones astronómicas y de historia natural, no cabe duda de que la expedición Malaspina tuvo una importancia valiosa en el conjunto de la ciencia ilustrada española. Aunque es considerada como la más importante de las expediciones científicas llevadas a cabo en aquel siglo por España, se suele decir de la expedición Malaspina que superó su carácter científico y se trató de una auténtica expedición enciclopédica, por cuanto unió lo científico a lo político.