Virreinato de Nueva España
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Virreinato de Nueva España
3. La sociedad virreinal

Desde el punto de vista demográfico, se produjeron grandes alteraciones a lo largo de los tres siglos novohispanos. Se ha discutido ampliamente acerca del número de habitantes que había al tiempo de la conquista en la región central y meridional de lo que hoy es México. Las cifras que se ofrecen oscilan entre los 20 y los 15 millones de personas. Las grandes epidemias que se produjeron en el siglo XVI redujeron notablemente esa cifra, no obstante los procesos migratorios de españoles y los africanos traídos como esclavos. Con apoyo en lo afirmado por varios cronistas acerca de la creciente despoblación debido a las pestes, se ha afirmado que a principios del siglo XVII la población de Nueva España excedía muy poco de los 2 millones de habitantes. Tan sólo en la segunda mitad de ese siglo se produjo una cierta recuperación demográfica. A principios del siglo XIX, el aumento fue más notable. Según los cálculos de Alexander von Humboldt, en 1803 habitaban en el vasto territorio de Nueva España (cerca de 4 millones de km2) 5.837.000 personas. De acuerdo con el contador general de los Ramos Arbitrios de Nueva España, Fernando Navarro y Noriega, la población del reino de Nueva España en 1810 se aproximaba a los 6.125.000 habitantes.

Dicha población vivió durante los siglos del virreinato muy desigualmente distribuida. Por una parte, subsistió la mayoría de las antiguas ciudades y pueblos indígenas de la región central y meridional del país. Casi siempre se conservaron sus nombres en lengua indígena aunque precedidos por la invocación correspondiente a un santo. Hubo asimismo numerosas fundaciones españolas. La primera de ellas fue la de Veracruz, a la que siguió en 1531 la que se llamó de la Puebla de los Ángeles. Por otra parte, en la medida en que se inició y amplió luego la expansión hacia el norte, el número de fundaciones españolas fue en aumento. En algunos casos, los nuevos núcleos poblacionales se erigieron en zonas de explotación agrícola y ganadera o en función de los reales de minas y, en menor grado, en torno a los presidios o fuertes para retener a los llamados ‘indios bárbaros’. Surgieron así las ciudades de Valladolid de Michoacán, Querétaro, Guanajuato, Guadalajara, Zacatecas, Fresnillo, Sombrerete, Durango, Parral y otras muchas en el gran septentrión novohispano.