| Bernardino de Sahagún | Vista del artículo | ||||
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| 3. | Sahagún en Tepepulco |
Retirándose por algunos años del Colegio para trabajar en la evangelización de algunos grupos indígenas, retornó al mismo para proseguir su docencia y sus pesquisas. Hacia 1554 o 1555, hizo que sus estudiantes transcribieran la relación que algunos indios principales le dieron acerca de los hechos más destacados de la conquista. Ese texto, de gran dramatismo, sería incluido en su recopilación que se conoce como Códice Florentino. De ella proviene el núcleo principal de testimonios que integran La visión de los vencidos (reunión de textos escritos después de la conquista de México, a cargo del historiador Miguel León-Portilla). Unos cuantos años después, en 1558, recibió de su prelado mayor el mandato de reunir todo aquello que pudiera arrojar luz sobre las que describió como “cosas naturales, humanas y divinas” de los antiguos mexicanos. Para ello se trasladó al pueblo de Tepepulco, acompañado de varios de sus antiguos discípulos cuyos nombres conservó: Antonio Valeriano, Alonso Bejarano, Martín Jacobita, Pedro de San Buenaventura, Diego de Grado, Bonifacio Maximiliano y Mateo Ceverino. En Tepepulco se entrevistó con los principales indígenas, quienes le señalaron varias personas hábiles y experimentadas con quien pudo platicar para que le diesen razón de lo que quería saber. Sahagún llevaba consigo una minuta o cuestionario que abarcaba los grandes campos sobre los que buscaba información. Como él mismo señala, aquellos ancianos o principales que le fueron asignados le informaron por medio de pinturas, es decir, valiéndose de sus libros o códices que iban comentando delante de él. Sus estudiantes copiaron las pinturas y las declaraciones de ellas. Así reunió Sahagún un primer caudal de testimonios que luego habría de enriquecer.
El propósito del fraile era proceder, según el mismo relata, al modo del médico que quiere curar a un enfermo. En este caso él y los otros frailes serían los médicos que, para erradicarlas, debían tener noticia precisa de las idolatrías, ritos, supersticiones, ceremonias y agüeros de los indios. El que procediera Sahagún con tal propósito ha sido objeto modernamente de diversas formas de crítica. Éstas son por una parte anacrónicas, ya que se están refiriendo a quien era un fraile del siglo XVI que había viajado precisamente para evangelizar a los naturales de Nueva España. Por otro lado, puede afirmarse que con el paso del tiempo, Sahagún llegó a interesarse directamente, y por su propio valor intrínseco, por la cultura indígena. Eso lo da a entender en varios lugares de su obra, como en uno en el cual expresa que de un discurso de los sabios indígenas aprovechará más que de los sermones que predican los frailes.