| Bernardino de Sahagún | Vista del artículo | ||||
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| 4. | El Códice Florentino |
Después de dos años de pesquisas en Tepepulco, volvió al Colegio de la Santa Cruz en Tlatelolco. Allí repitió y amplió su investigación con los sabios indígenas que encontró. Una tercera vez volvió a inquirir y cotejar estando en el convento de San Francisco de México. Así, según él escribió, los testimonios recogidos pasaron por triple cedazo. El fruto de tan larga y bien planeada investigación fue un cúmulo muy grande de folios con pinturas y textos en náhuatl acerca de los distintos aspectos de la cultura material e intelectual de los nahuas: dioses, ritos, sacerdotes, fiestas, calendario, augurios, testimonios de la Antigua Palabra, conocimientos astronómicos, cosas humanas y de parentesco, costumbres de los señores, oficios, educación y crianza, medicina, comercio, alimentación, botánica, animales, metales y piedras preciosas, orígenes étnicos, himnos y cantares y una versión netamente indígena de la historia de la conquista.
Bernardino de Sahagún, que dedicó gran parte de su vida a estos trabajos, experimentó no pocas contradicciones, algunas de ellas provenientes de sus hermanos franciscanos. Acusábanle algunos de incurrir en gastos muy grandes, pagando escribanos y empleando considerables cantidades de papel y tinta. Sahagún sometió entonces sus papeles al examen de varios religiosos para que dieran un dictamen acerca de ellos en el capítulo provincial de la Orden. En 1570, el provincial fray Alonso de Escalona recogió todos sus libros y éstos se esparcieron por toda la provincia. Fue así como otros, entre ellos el protomédico del rey español Felipe II, el doctor Francisco Hernández, pudieron aprovecharse de ellos. Recuperados dichos papeles gracias a la protección del visitador franciscano fray Rodrigo de Sequera, obtuvo el apoyo necesario para hacer una transcripción en limpio de cuanto había reunido. Fue así como se elaboró en el Colegio de Tlatelolco el que se llama hoy Códice Florentino, por conservarse en la Biblioteca Medicea Laurenciana de Florencia.
El padre Sequera llevó consigo a España esos manuscritos sin que Sahagún alcanzara a saber dónde habían ido a parar. Por ese tiempo llegó también una real cédula de Felipe II, de fecha 22 de abril de 1577, en que ordenaba se le recogieran a Sahagún todos los papeles que aún tuviera en su poder con objeto de que fueran remitidos al Consejo de Indias, ya que no debía consentirse que, “persona alguna escriba cosas que toquen a supersticiones y maneras de vivir que estos indios tenían”.