Crónica taurina
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Crónica taurina
2. Orígenes de la crónica taurina

Los orígenes de lo que actualmente se conoce como prensa taurina se remontan casi a los orígenes también de la lengua española difundida por la imprenta. Así, por ejemplo, las incluidas en las relaciones, escritas muchas veces en verso, que tenían un carácter panegírico, en las que se valoraba menos la verdad que la belleza literaria de lo que se narraba.

Las referencias taurinas son escasas en el siglo XVI, abundantes en el siglo XVII —de mayor altura literaria, incluso algo enfebrecidas durante el auge del barroco— y profusas en el siglo XVIII —aunque, por lo general, de muy baja calidad—, cuando la progresiva profesionalización de los toreros redujo, además, sus afanes laudatorios e inició, junto a la aparición de los primeros tratados, la crítica, por así decirlo, técnica.

La primera noticia taurina en un periódico generalista apareció en El Memorial Literario, en mayo de 1784, que siguió prestándoles atención hasta 1791 y, dos años más tarde, el 20 de junio de 1793, publicó lo que ya se puede considerar la primera crónica de una corrida de toros, obra de un suscriptor anónimo, que firmaba —como posteriormente ha sido costumbre de muchos autores— con el seudónimo de Un curioso. Coincidía en el año con la aparición de la primera tauromaquia, la de Pepe-Hillo, Tauromaquia o arte de torear, de la que era autor, al dictado de las opiniones del matador, José de la Tixera.