| Imperio Austro-Húngaro | Vista del artículo | ||||
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| 3. | El Compromiso de 1867 |
La conmoción ocasionada por la derrota frente a Prusia dio origen en poco tiempo al Compromiso de marzo de 1867 (en alemán, Ausgleich). El acuerdo creó una Monarquía Dual, separada por el río Leitha (afluente del Danubio): al oeste se encontraba el Imperio Austriaco (Cisleithania) y al este el reino de Hungría (Transleithania). Los pactos constitucionales de 1861 siguieron teniendo validez en el resto de la Monarquía Dual —aunque con algunas modificaciones, como se explicará a continuación— hasta 1918. Austria incluía a eslovenos, checos, polacos, rutenos, italianos y alemanes; Hungría consiguió un alto grado de autonomía en la gestión de sus asuntos internos que se materializó en la creación de su propio Parlamento en Budapest, en el que la elite magiar mantenía el control sobre las minorías rumanas, croatas, serbias y eslovacas gracias a un complicado sistema de “geometría electoral”. También se estableció la lengua húngara (o magiar) como el idioma oficial del reino de Hungría. En virtud de un nuevo Compromiso (Nagodba, en Húngaro) establecido en 1868, se le otorgaba al reino de Croacia una cierta independencia dentro del reino húngaro. No obstante, Francisco José I controlaba la política exterior gracias a un ministro de Asuntos Exteriores, a un ministro de Guerra y a un ministro de Hacienda comunes (este último proporcionaba los fondos requeridos en los otros dos ministerios); además, tenía a sus órdenes al Ejército Imperial y al Ejército Real, aunque no tenía autoridad sobre las guardias nacionales, que se encontraban bajo la jurisdicción de los respectivos parlamentos de Viena y Budapest. Los asuntos económicos que concernían a las dos monarquías —los aranceles, el Banco de Austria-Hungría y la cuota aportada a los fondos comunes de las dos partes de la Monarquía Dual— estaban regulados por un compromiso comercial que debía ser revisado cada diez años.
El espíritu de estos acuerdos estuvo en vigor hasta el final de la unión, en 1918. Si se considera que los repetidos fracasos del periodo comprendido entre 1848 y 1865 habían confirmado que no era posible encontrar una solución que satisficiera a los diferentes grupos étnicos de la Monarquía Dual, y que ninguna organización que no tuviera en cuenta los deseos de los magiares podía alcanzar la estabilidad, puede decirse, en defensa del Compromiso, que permitió que el Imperio Austro-Húngaro continuara ejerciendo su función de gran potencia durante los cuarenta años siguientes y demostró ser el más perdurable de todos los pactos constitucionales acordados por Francisco José I. Sin embargo, este sistema no puso fin al conflicto político: incluso en Hungría, las instituciones comunes a ambos reinos suscitaban recelos, y desde 1888 hasta 1912 fue imposible conseguir el consentimiento húngaro para aumentar las tropas del Ejército común. Estas circunstancias debilitaron la posición de Austria-Hungría como gran potencia; el mismo efecto negativo produjo el enfriamiento de las relaciones de la Monarquía Dual con rumanos y serbios, motivado por la intervención húngara en los asuntos de Croacia y la política infligida por la elite magiar a las minorías rumanas y eslavas que residían en el reino húngaro. Esta fue la razón por la que el heredero de la corona imperial, el archiduque Francisco Fernando de Habsburgo, había planeado acabar con el poder de los magiares cuando ascendiera al trono. Sin embargo, el Emperador, pese a que jamás vacilaba en entablar una confrontación cuando se trataba de defender sus prerrogativas en asuntos internacionales y militares, nunca estuvo dispuesto a arriesgar el éxito del Compromiso acordado en 1867 desafiando el poder de los magiares en Hungría.
Lo cierto es que Francisco José I llegó incluso a abandonar sus proyectos de establecer reformas constitucionales en Cisleithania, tales como el plan de 1871 —destinado a apaciguar los ánimos de los checos mediante la concesión de cierta autonomía al reino de Bohemia—, porque los magiares lo consideraron como un peligroso precedente. Pese a que el Compromiso demostró ser una solución duradera a los problemas planteados hacia 1860, también se convirtió con el paso de los años en una coraza que impidió a la Monarquía Dual llevar a cabo reformas constructivas.