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Tierra Pura, rama del budismo Mahayana, quizá la más popular, predominante en el ámbito geográfico de Asia oriental. Sus doctrinas centrales se encuentran en los tres sutras sánscritos: el Amitayus dhyana Sutra (Meditación sobre el Amitayus Sutra) y en los sutras de la Tierra Pura mayor y menor, Sukhavativyuha Sutra (Sutra de la Descripción del Paraíso Occidental). Estos textos, que posiblemente fueron compilados en la India hacia el siglo I d.C., hacen hincapié en la devoción a Amitabha (o Buda de la Luz Infinita) para asegurar el renacimiento en un paraíso occidental llamado Tierra Pura. Buda cuenta la historia de Amitabha, un monje que fue instruido por Lokesvararaja, el Buda octogésimo primero. Amitabha hizo varios votos, el decimoctavo de los cuales fue crear una Tierra de Buda (un paraíso budista) 81 veces más maravilloso que las Tierras de Buda que le había mostrado Lokesvararaja. Todos los que lo evocaran renacerían en ese paraíso. Amitabha se convirtió al fin en un bodhisattva y luego en un Buda, con lo que se identificó con la naturaleza eterna del Buda toda la existencia y sus votos se convirtieron en leyes cósmicas.
Según las primitivas creencias indias, en la Tierra Pura se encontraba, al parecer, la evocación de Amitabha sólo como un elemento de disciplina para la meditación y la devoción. Pero el enfoque del culto se estrechó en el siglo IV al extenderse a China la creencia en la Tierra Pura de la mano del estudioso Huiyuan, el cual formó un grupo de monjes y laicos devotos que meditaban sobre el nombre del Buda Amitabha. Sus sucesores codificaron las doctrinas de la Tierra Pura, que se extendieron entre el pueblo durante los siglos VI y VII, y llegaron a ser las más populares del budismo. Incluso se declaró que la pía repetición de la frase “homenaje al Buda Amitabha” era la mejor vía, incluso superior a la meditación y al ritual, para la resurrección en la Tierra Pura. Gracias a su gran compasión, Amitabha atraería hacia sí a todos los creyentes, incluso a los que obraran mal. Esto se unía a la doctrina contemporánea del mappo, que sostenía que las enseñanzas originales de Buda se habían corrompido tanto que ningún esfuerzo individual podía llevar a la iluminación. Por tanto, la intercesión de un ser divino y el renacimiento en la Tierra Pura eran preludios esenciales del nirvana.
El budismo de la Tierra Pura ha sobrevivido hasta la actualidad en China, pero es en Japón donde ha alcanzado una mayor importancia. Fue introducido en este último país como parte de la escuela Tendai. A partir del siglo XII la creencia japonesa en la Tierra Pura (Jodo) evolucionó de forma independiente a pesar de la oposición de la jerarquía budista. El monje Honen recibió la inspiración para evangelizar a su pueblo y defendió la evocación continua de Amida (nombre en japonés de Amitabha). Su discípulo Shinran acentuó aún más la misericordia de Amida al declarar que una sola repetición con fe de su nombre era suficiente para garantizar la salvación, que las repeticiones posteriores no podían ser más que muestras de gratitud y que los intentos de hacer méritos mediante las buenas acciones no tenían ningún valor. La escuela Jodo de la Tierra Pura adquirió gran popularidad e incluso se formaron sociedades para bailar y cantar el nembutsu (la versión japonesa de la evocación de Amitabha). En algunos casos estos grupos formaron poderosos cuerpos políticos y militares (ikko) que mantuvieron con firmeza su independencia hasta ser derrotados, en el siglo XVI, por Oda Nobunaga. Todavía hoy en día la rama Jodo sigue siendo el grupo budista más importante en Japón.