| Dinastía Qing | Vista del artículo | ||||
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| 3. | El siglo XIX |
Por el contrario, el siglo XIX se convirtió en un siglo de grandes esfuerzos. Las razones fueron tanto externas como internas. En cuanto a las externas, China se vio obligada a incrementar sus contactos con Occidente, acatando sus condiciones. El reto estaba encabezado por Gran Bretaña. Durante la primera parte del siglo XIX los excedentes del comercio chino con Gran Bretaña presentaron un grave déficit, ya que la Compañía Británica de las Indias Orientales comenzó a introducir ilegalmente en China cada vez mayores cantidades de opio, con la connivencia de funcionarios corruptos, cargando barcos que habían sido enviados vacíos para realizar exportaciones de té, porcelana y tejidos chinos. Las tentativas chinas de suprimir el comercio del opio desembocaron en las derrotas en las dos guerras del Opio mantenidas contra el Imperio Británico entre 1839 y 1843 y desde 1856 hasta 1860. Los chinos se vieron forzados por una serie de tratados leoninos, que permanecieron en vigor hasta 1943, a abrir su territorio cada vez más al comercio exterior. Hong Kong fue cedido a los británicos, y otras ciudades del territorio chino, como Shanghai, eran gobernadas de acuerdo con leyes extranjeras. Los misioneros occidentales ganaron adeptos y causaron un gran desafuero provocando (de forma indirecta) la desastrosa rebelión Taiping (1854-1860). Las posteriores tentativas para expulsar a los extranjeros, como la rebelión Bóxer de 1900, empeoraron la situación.
En cuanto a la política interna, China se hallaba inmersa en una serie de problemas insolubles. En parte, la dinastía era víctima de su propio éxito inicial. Según aumentaba la prosperidad, aumentaba también la población, lo que llevó al hambre y a una gran escasez de recursos. Más destructivas fueron las rebeliones provocadas por la corrupción del gobierno y los impuestos cada vez más altos, así como por las derrotas a manos de los extranjeros. Entre los principales levantamientos destacan la rebelión del Loto Blanco (1796-1805) por parte de sociedades secretas que profesaban el taoísmo, una serie de rebeliones musulmanas en el noroeste durante el tercer cuarto del siglo XIX y, sobre todo, la rebelión Taiping que tuvo lugar entre 1850 y 1864. Esta última fue incitada por un movimiento cristiano heterodoxo que ambicionaba el establecimiento de un utópico sistema de posesión estatal de la tierra en nombre de Dios. El consiguiente enfrentamiento causó estragos en China central y meridional, provocando casi veinte millones de muertos. Los rebeldes sólo pudieron ser derrotados con ayuda de un ejército occidental a las órdenes del general británico Charles George Gordon.