| Dinastía Qing | Vista del artículo | ||||
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| 4. | El fin de la dinastía |
Estos problemas fueron debilitando a la dinastía y causaron malestar popular. La derrota sufrida en 1895 en la Guerra Chino-japonesa también produjo una seria agitación dentro y fuera del propio gobierno imperial, especialmente en cuanto a la mejor manera de afrontar los desafíos internacionales. De un lado, estaban los partidarios del llamado “auto-fortalecimiento”, que confiaban en la máxima de “el saber extranjero para la práctica, el saber chino como teoría”; de otro, los seguidores de soluciones políticas radicales. A finales del siglo XIX la corte imperial estaba dominada por la emperatriz viuda Ci Xi, que fue incapaz de llevar a cabo el inevitable proceso modernizador. Las reformas constitucionales que propuso en 1906 fueron muy pocas y llegaron demasiado tarde.
Mientras tanto, habían surgido nuevos grupos económicos y sociales, interesados en el desarrollo de las industrias chinas, sobre todo en la del ferrocarril. Se resentían de la estricta dominación imperial. Algunas provincias crearon asambleas electas en 1909. Finalmente, en 1911, las autoridades descubrieron los planes de un levantamiento en Wuchang (actual ciudad de Wuhan). En lugar de esperar a ser detenidos, los conspiradores adelantaron sus planes y, para sorpresa de todos, incluidos ellos mismos, tomaron Wuchang. Envalentonados, siguieron adelante hasta lograr el triunfo de la Revolución republicana y el derrocamiento del emperador Puyi, que había accedido al trono en 1908 tras la muerte de Cixi, con apenas dos años de edad.
El Imperio se desintegró en tres meses, y se convirtió a principios de 1912 en una república cuyo primer presidente provisional fue Sun Yat-sen. No obstante, el general Yuan Shikai, que sucedió a Sun como presidente provisional después de haber encabezado las tropas imperiales contra los propios republicanos, se autoproclamó emperador a finales de 1915, pero fue definitivamente derrotado al año siguiente.