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El I y el II Imperio |
En 1804, Napoleón I Bonaparte fue proclamado emperador, por lo que tuvo lugar poco después el agravamiento de las Guerras Napoleónicas que enfrentaron a las principales potencias europeas al dominio francés en el continente. No obstante, el gran proyecto imperial de Napoleón I Bonaparte, en lo que respecta a los territorios allende de Europa, consistía en el dominio de las posesiones españolas en América. Para conseguirlo, impuso a su hermano José I en el trono de España (1808), convocó a Cortes en Bayona y envió emisarios a todos los virreinatos, para obligarles a acatar el nuevo régimen establecido en Madrid. El sueño napoleónico fracasó, porque tanto los criollos como los peninsulares rechazaron las propuestas de Napoleón e iniciaron el proceso de la independencia (emancipación). En 1815, finalizado definitivamente el denominado I Imperio, las posesiones coloniales francesas se limitaban a la Martinica y Guadalupe, Saint Pierre y Miquelon (en las costas de Terranova), algunas factorías en Senegal y otras cinco en la India y Reunión. A estos territorios se sumó, en 1817, la Guayana Francesa, destinada a ejercer como penal en años posteriores. En 1830, por razones de prestigio monárquico, los franceses conquistaron la ciudad de Argel, y, cuatro años más tarde, se anexionaron todo el territorio de Argelia. Con Napoleón III, Francia recobró su calidad de potencia en todos los continentes: se finalizó la conquista de Argelia y Senegal, y se llevaron a cabo las anexiones de Nueva Caledonia (1853) y Cochinchina (1862-1867). Su intervención en México y el intento de consolidar el gobierno del emperador Maximiliano, en 1864, constituyó un rotundo fracaso tres años más tarde.
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