Guerra de los Países Bajos
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Guerra de los Países Bajos
4. El fin de la tregua: la guerra en el siglo XVII

Una de las razones de la intervención española en la guerra de los Treinta Años, que dio comienzo en 1618, ha de buscarse en los Países Bajos. Cuando la Tregua de los Doce Años estaba a punto de finalizar, Gaspar de Guzmán y Pimentel, el futuro conde-duque de Olivares, era partidario de reanudar la lucha, en tanto que en las Provincias Unidas el príncipe Mauricio de Nassau-Orange, hijo de Guillermo de Orange-Nassau (que había sido asesinado en 1584), encabezaba a un grupo de calvinistas y comerciantes especialmente interesados en volver a las armas.

En 1621, coincidiendo con el comienzo del reinado de Felipe IV, se reinició la guerra. Durante los primeros años las operaciones militares carecieron de espectacularidad, pero los recursos de las Indias llegados en 1624 permitieron a la Monarquía Hispánica llevar a cabo una gran inversión militar que condujo a Ambrosio de Spínola a la toma de Breda en junio del año siguiente. De forma paralela, la Armada española logró mejorar su posición en América.

A partir de 1626, los intereses de España tomaron un rumbo diferente, acentuado a raíz de la captura en las cercanías de Cuba de la plata transportada por la flota de las Indias efectuada por la escuadra holandesa de Piet Heyn (1628). Sin embargo, y en contra de la opinión de Spínola, el conde-duque de Olivares decidió mantener una política agresiva frente a las Provincias Unidas, a pesar de que hasta después de la batalla de Nördlingen (1634) no consiguió el apoyo de los ejércitos imperiales.

La ayuda del Sacro Imperio Romano Germánico a las fuerzas españolas no fue más que simbólica y temporal; las dificultades económicas, financieras y políticas fueron en aumento desde 1638 y la sustitución de Olivares por Luis Menéndez de Haro y Guzmán, marqués de Carpio, en 1643, no varió sustancialmente el curso de la contienda. De hecho, en 1639, la derrota hispana en la batalla de las Dunas frente a una flota independentista ya había significado el ocaso del poderío naval español.

A comienzos de 1648 concluyó por medio la Paz de Westfalia la guerra de los Treinta Años. En el contexto de esos acuerdos, España buscó un tratado bilateral con las Provincias Unidas que se firmó en Münster el 30 de enero de ese año. Después de más de ochenta años de lucha, las Provincias Unidas vieron reconocida de forma definitiva su independencia, aunque los Países Bajos del sur continuaron siendo españoles hasta que en 1714 pasaron a incrementar las posesiones del Sacro Imperio Romano Germánico.