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Hagiografía (derivado de hagiógrafo, del griego agios, ‘santo’ y grafo, ‘escribir’, es decir ‘el que escribe sobre un santo’), en sentido general se emplea para designar un relato biográfico admirativo sobre un santo o cualquier otra persona.
Los relatos de las vidas de santos fueron muy populares durante la edad media, bien en forma de relato dedicado a un santo o de colecciones de varios, como la latina Legenda Aurea, escrita en el siglo XIII por el italiano Jacobo de la Voragine, y la griega Synaxarion de Simeón de Metafrasto. Del poeta español del siglo XII Gonzalo de Berceo se conservan la Vida de Santo Domingo de Silos, Vida de San Millán de la Cogolla y la Vida de Santa Oria. Aunque el objetivo principal de las hagiografías era difundir la fe entre sus lectores, este tipo de obras prestaban poca atención al rigor histórico y, al centrarse en los milagros realizados por sus protagonistas, dieron como resultado fábulas extravagantes que pasaron a formar parte del folclore. A ellas se debe por ejemplo el establecimiento del 14 de febrero como día de San Valentín, o la transformación del Obispo Nicolás del santo que salvó a tres muchachas de la prostitución al santo que salvó a tres niñas de morir ahogadas, lo que lo convirtió en patrón de los niños y dio lugar al personaje de Santa Claus. La leyenda de Santa Eugenia es algo más confusa. Cuentan que, vestida de hombre, se convirtió en abad, pero mostró sus pechos para defenderse de una acusación de agresión sexual. Otra leyenda muy popular es la de la santa portuguesa Wilgeforte, a quien le salió barba para no casarse con el rey de Sicilia.