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Intrusiones ígneas

Intrusiones ígneas, masas de roca consolidadas por cristalización de materia fundida (conocida como magma) a cierta profundidad bajo la superficie de la Tierra. Forman un grupo llamado plutónico, distinto del de los ensamblados volcánicos de extrusiones ígneas —rocas formadas en la superficie, como la lava—. Al penetrar en rocas encajantes más frías, las rocas intrusivas las calientan y las transforman (metamorfismo), mientras que el borde del magma, al enfriarse a más velocidad que el interior, tiene cristales menores y puede parecer vidrioso. Las lavas no muestran bordes con este aspecto y poco o ningún metamorfismo.

Las intrusiones menores, o hipoabisales, tienden a presentar forma tubular e incluyen diques normales y cónicos que atraviesan la estructura; son discordantes con las rocas encajantes, mientras que los sills, los lacolitos y los lopolitos son concordantes. Sus tamaños varían entre unos centímetros y muchos metros (en ocasiones, incluso kilómetros). Los batolitos (masa de roca ígnea), con sus stocks asociados, forman las mayores intrusiones. El término plutónico se restringe en ocasiones a las estructuras que tienen muchos kilómetros de ancho, y algunas veces cientos de kilómetros de largo, y que suelen ser fuertemente discordantes.

Los diques son muy comunes. En general, las rocas ígneas duras resisten a la meteorización sobre el entorno más blando de rocas sedimentarias. Los diques tienden a tener anchuras medias de algunos metros y longitudes de unos pocos kilómetros, aunque hay excepciones notables. El dique de Cleveland recorre una distancia de 200 km a través de Escocia hacia Inglaterra; el Gran dique de Zimbabue es una masa enorme, con 600 km de largo y de 3 a 11 km de ancho.

Las series de diques están asociadas con centros de actividad ígnea. Por ejemplo, hay cientos cerca de la costa noroeste de Escocia. La materia intrusiva no llegó a alcanzar la superficie y es posible que se deshiciera al subir, pero, en Western Isles, algo de materia actuó como ‘alimentador’ para la lava basáltica. Estos diques tienden a difundirse desde los centros volcánicos. Otros forman cuerpos concéntricos que se inclinan mucho en torno al centro. Estos son diques anulares, reconocidos por primera vez en la isla Mull, en Escocia, donde se han producido intrusiones a lo largo de las fracturas, con una planta casi circular. Muchas veces estos diques con varios metros de grosor, contrastan con los diques cónicos más finos, que también son concéntricos, pero que tienden a inclinarse más hacia el centro y a concentrarse en una cámara de magma situada en la parte de abajo.

Las intrusiones aprovechan las fracturas producidas por las tensiones de la corteza. La actividad en el noroeste de Escocia, por ejemplo, se desarrolló hace unos 50 millones de años, mientras se ensanchaba la parte norte del océano Atlántico. Esta tensión es evidente en las dorsales oceánicas donde la corteza se rompe. Aquí, las series de diques forman parte de la corteza en formación y actúan como alimentadores de las lavas basálticas del fondo marino. Como parte inferior de la segunda capa de corteza oceánica, los diques pueden verse expuestos en áreas elevadas, como en la región Troodos de Chipre, donde hay tantos que es imposible ver otra cosa.

Las apófisis son masas cilíndricas. Se formaron como alimentadores de volcanes y han quedado expuestos a erosión profunda; son ejemplos famosos: Castle Rock (coronado por el castillo de Edimburgo), en Edimburgo (Escocia), y los llamados puys, en el centro de Francia (véase Macizo Central).

Los sills tienen forma laminar al formarse por intrusión en los lechos planos de las rocas circundantes. Al ser resistentes a la meteorización, tienden a formar acantilados prominentes en estratos con una pequeña inclinación. En el norte de Inglaterra el sill Whin forma los peñascos prominentes que son la base de la muralla de Adriano.

Los lacolitos son masas con forma de seta, aunque el tallo no se suele ver. Los lopolitos tienen forma de platillo; incluyen el enorme complejo Bushveld en Sudáfrica (véase Veld). Éste forma una cuenca con 300 km de lado a lado y 5 km de espesor.

La mayoría de las intrusiones antes descritas tienen composición basáltica. Aparte de las masas gigantes como la de Bushveld, están formadas por pequeños granos de no más de uno o dos milímetros. Las intrusiones mayores se enfrían despacio, permitiendo la formación de grandes cristales. También tienden a ser rocas graníticas de color claro, contrastando con las intrusiones basálticas oscuras.

Los batolitos son masas alargadas con longitudes de varios centenares de kilómetros, que forman los núcleos de cadenas montañosas como las Rocosas o sierra Nevada (EEUU). Los stocks y las córcovas son intrusiones circulares más pequeñas enlazadas, en general, a batolitos principales más grandes, como en el caso de las colinas Dartmoor y de los granitos colindantes en el suroeste de Inglaterra. La formación larga y continua del granito no sólo ha producido una masa ígnea de grano grueso, sino también el calentamiento de las rocas encajantes que rodean la intrusión, y la penetración de líquidos acuosos despedidos en las últimas fases de la cristalización. Una aureola de metamorfismo se ensancha alrededor del granito alcanzando a veces varios kilómetros. Además de rocas como el mármol, la aureola contiene vetas de menas de metales como cobre, estaño, plomo e incluso oro, así como minerales semipreciosos como el topacio.