Selección artificial
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Selección artificial
2. Historia

En su forma más elemental, se realiza selección artificial desde los albores de la historia. El estudio arqueológico de las pinturas murales de las tumbas egipcias ha probado que la cría de perros se conoce desde hace al menos 4.000 años, y bien podría practicarse desde hace 10.000 años o más. Las civilizaciones antiguas tenían razas domesticadas de vacas, ovejas y cabras, así como variedades de la mayor parte de los cereales que existen en la actualidad. Pero los métodos antiguos de selección artificial eran arbitrarios y el enorme número de variedades agrícolas a que hoy estamos acostumbrados apareció después del siglo XVI, en especial a partir de los primeros años del siglo XX y del surgimiento de la genética moderna.

A efectos prácticos, la historia de la selección puede dividirse en dos periodos: antes y después del redescubrimiento de los conceptos básicos de la herencia formulados por Gregor Johann Mendel en el siglo XIX. En la época premendeliana, los especialistas en selección artificial elegían en cada generación a los animales o plantas que mostraban las características deseadas en un grado más alto, y los cruzaban para obtener así la siguiente generación. Este método general, llamado selección masiva, ha dado algunos resultados notables, pero también ha topado con dificultades. Una de ellas era la lentitud e incertidumbre del proceso; la mejora no estaba garantizada y, en rebaños poco numerosos o en parcelas pequeñas, el criador perdía a veces en una generación todo lo ganado en muchas anteriores. Una segunda complicación era que, aunque la selección podía mejorar un carácter (por ejemplo, la producción de leche en las vacas), deterioraba en ocasiones otros (como la fecundidad o la resistencia a las enfermedades). Una tercera dificultad, sobre todo en la selección vegetal, era que los híbridos no solían reproducir su propio tipo, sino que a menudo experimentaban regresión hacia uno de los parentales. Un cuarto problema se asociaba con la endogamia, utilizada en muchas ocasiones para fijar caracteres deseables en una línea; las variedades endogámicas, aun cuando reproducen el tipo, adolecen con frecuencia de falta de vigor y fecundidad.

Pero después del redescubrimiento del trabajo de Mendel y de su ulterior síntesis con la genética de poblaciones en las décadas de 1930 y 1940, la selección artificial adquirió un carácter más científico y predecible. Mendel demostró que los rasgos se heredan en forma de caracteres discretos unitarios (hoy llamados genes) y que no se combinan a lo largo de las generaciones ni son absorbidos por otros. Un aspecto aún más importante es que las leyes de Mendel demostraron que con el análisis de los resultados de la selección artificial se pueden predecir las clases y las proporciones de la prole en la siguiente generación. Aunque Mendel trabajó sólo con caracteres cualitativos simples (plantas altas o bajas, semillas lisas o rugosas, entre otras), la genética del siglo XX ha demostrado que también los caracteres cuantitativos (por ejemplo, una gama de colores de la espiga de trigo que varíe desde el incoloro hasta el pardo rojizo) pueden explicarse a través de combinaciones de factores mendelianos. Con la ayuda de métodos estadísticos, como el análisis de la varianza, la moderna selección mendeliana ha aportado mejoras notables a una amplia variedad de organismos de utilidad agrícola. Por lo demás, el método básico de cruzar los parentales deseados y seleccionar individuos determinados de la prole se ha mantenido invariable desde el siglo XVIII hasta hoy.

A la selección artificial de animales y plantas se debe el enorme aumento del rendimiento agrícola a lo largo de los últimos años y, por tanto, de la producción mundial de alimentos. Durante la Revolución Industrial se pusieron en marcha en Europa y Estados Unidos programas de selección sistemática de alcance cada vez más amplio, para responder a la mayor demanda de productos alimenticios por parte de la población urbana no agrícola, que iba en constante aumento. En el siglo XX, el aumento de la población mundial generó también una presión considerable a favor de la mejora del rendimiento de la agricultura. La llamada “revolución verde” del periodo comprendido entre 1950 y 1975 representó un esfuerzo coordinado a gran escala dirigido por las fundaciones estadounidenses Ford y Rockefeller y encaminado a obtener variedades de alto rendimiento de especies cultivadas básicas (trigo, arroz, maíz) para venderlas a la población del Tercer Mundo, que crecía a gran velocidad. Pero estas variedades exigían en muchos casos la aportación de tecnología moderna y costosa (fertilizantes químicos, plaguicidas, redes de regadío) que las hacía inútiles para la inmensa mayoría de las sociedades agrarias a las que iban destinadas. Métodos más recientes de ingeniería genética, que recurren a la transferencia de genes de una variedad o especie a otra, abren la posibilidad de una vía más eficaz para obtener cepas resistentes de rendimiento elevado.