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Columna de Trajano

Columna de Trajano, columna erigida en el foro de Roma en memoria de las dos campañas victoriosas del emperador Trajano en Dacia (actual Rumania), entre los años 101-106. Está dedicada en el año 113 a Trajano por el Senado y el pueblo de Roma, y formaba parte del nuevo foro público construido por el emperador con el botín conquistado a los dacios. La columna se levantaba en la parte posterior de la basílica Ulpia, en la parte septentrional del foro, proyectado por el arquitecto Apolodoro de Damasco. Alcanza unos 128 pies romanos (unos 42 m) y está compuesta de 29 tambores de mármol blanco de Carrara. En tiempos estuvo coronada por una estatua de bronce de 5 m de envergadura que representaba a Trajano en traje de campaña.

Las columnas triunfales fueron un monumento frecuente en la antigua Roma, y, de hecho, la mayor parte de la decoración de esta columna es conmemorativa. Los relieves del pedestal representan pilas de armas y armaduras dacias ganadas en el combate, coronadas con guirnaldas que penden de los picos de cuatro águilas imperiales. El toro (moldura convexa) de la base de la columna está tallado en forma de corona de laurel. Excepcional era, sin embargo, el prodigio de ingeniería que permitía su empleo como belvedere. Una escalera de caracol interior, excavada en la piedra y accesible desde una puerta en el pedestal, conducía a través del fuste, iluminado por 40 ventanucos distribuidos de forma regular, hasta una plataforma en lo alto del capitel, que, gracias a su altura de 38 m sobre el nivel del suelo, proporcionaba una espléndida vista del conjunto del foro de Trajano y de una parte de la ciudad.

La mayor peculiaridad de la columna de Trajano es, sin embargo, su friso espiral, tallado minuciosamente en bajorrelieve, que asciende por la superficie del fuste. En sus más de 200 m de longitud se narran los sucesos de las dos guerras dacias en una secuencia continua de más de 155 escenas, que contienen un conjunto de 2.600 figuras representadas a dos tercios del tamaño natural. Convenientemente desplegado en dibujos y moldes de estuco, el friso se ha convertido en un documento esencial para el estudio de la historia de Dacia, de las tácticas y máquinas militares romanas y de su arte narrativo. Pero su mensaje no es puramente descriptivo, sino alegórico: un tributo pictórico a la obra Dacica de Trajano (su propia descripción escrita de los hechos, desaparecida posteriormente) y al espíritu imperial, entendido como símbolo para la posteridad. De hecho, el fuste pudo ser liso en su origen, horadado tan solo por los ventanucos de la escalera interior, y puede que el friso fuera un homenaje póstumo añadido por el Senado en el año 117, cuando las cenizas del emperador fueron depositadas en el basamento de la columna.