Imperio portugués
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Imperio portugués
2. El primer Imperio: África y Oriente (1415-1665)

Es probable que el espíritu original de la expansión portuguesa en ultramar fuera el de continuar en el norte de África la cruzada contra los musulmanes (lo que la historiografía conoce como Reconquista) emprendida en la península Ibérica: de ahí la conquista de Ceuta en 1415 y la de Tánger en 1471. Al motivo religioso, que incluía la búsqueda del legendario reino cristiano del preste Juan, no tardó en sumarse el afán de explorar nuevas tierras (que proporcionó a los portugueses un papel principal en la exploración geográfica europea), la búsqueda de oro y especias, y la obtención de esclavos. La influencia política de Portugal aumentó con los viajes y descubrimientos: se exploró la costa occidental de África; Gil Eanes dobló el cabo Bojador, situado en la costa occidental del Sahara, en 1434; se estableció un puesto comercial en la bahía de Arguin (hacia 1443) para el comercio con Guinea; se fundó la base de São Jorge da Mina en Costa de Oro, en 1482, para la explotación del comercio de oro, marfil y esclavos; se creó una alianza con el imperio del Congo (desde 1490); y Bartolomeu Dias dobló el cabo de Buena Esperanza en 1488. Con el viaje de Vasco da Gama a Calicut (actual Kozhikode) en 1498, la presencia portuguesa se hizo sentir también en la costa oriental de África y en la India.

El objetivo de los portugueses en el océano Índico era monopolizar el comercio de especias, controlado entonces por los árabes, quienes las vendían a los venecianos. La superioridad marítima en esta extensa área quedó asegurada con la victoria sobre una flota musulmana frente a las costas de Diu (cerca de Goa) en 1509. Los portugueses utilizaron la estrategia de enemistar a los jefes indios con los musulmanes para poder construir puestos comerciales en Cannanore, Cochin y Goa en la primera década del siglo XVI. Trataron de afianzar su dominio conquistando el estrecho de Ormuz (situado en el golfo Pérsico) y Socotra (próxima a la entrada al mar Rojo) en 1507 y construyendo fuertes en Kilwa (1505), Mozambique (1507) y Mombasa (1593). Para el comercio con China y el Sureste asiático, su imperio comercial se extendía hacia el este por Malaca (conquistada en 1511), Ceilán (actual Sri Lanka, cuya ciudad más importante, Colombo, fue tomada en 1518), Ternate en las Molucas (1521), Makasar en la isla Célebes (1545), Timor (1511) y Macao, donde se permitió a los portugueses fundar un puesto comercial en 1557.

Esta red de comercio y bases navales les proporcionó el control sobre valiosos productos y mercancías tales como pimienta, jengibre, nuez moscada, clavo, piedras preciosas, seda y porcelana. Sus rutas comerciales llegaron a China y Japón, donde también desarrollaron su actividad grupos de misioneros portugueses, los únicos que habían obtenido el permiso del Papado en 1455 (confirmado en 1514) para realizar su apostolado en esta región.

El Imperio portugués en África oriental era esencialmente marítimo y comercial, y se extendía únicamente por las regiones costeras. La Casa da Índia dirigía la actividad comercial. La creación de asentamientos, que había comenzado con la colonización de archipiélagos deshabitados del Atlántico, como los de las islas Azores y Madeira en el siglo XV (en estos territorios la Corona concedió tierras a los capitanes y creó municipios), sólo era notable en las islas de Cabo Verde (desde 1460), Santo Tomé y Príncipe, y Goa. En Cabo Verde, la Corona retomó el control a través de los gobernadores a principios del siglo XVI, lo que le permitió beneficiarse del comercio de esclavos. Dada la escasez de mujeres blancas en estos parajes, los portugueses se emparejaron con mujeres africanas y formaron familias mestizas. En Goa, centro del imperio oriental, el virrey Alfonso de Albuquerque estableció una subvención para los matrimonios entre residentes portugueses de la India portuguesa y mujeres indias a partir de 1510, fomentando así la formación de una comunidad luso-india.

A pesar de los grandes beneficios materiales que el imperio oriental proporcionó a la Corona portuguesa, el interés por Marruecos no disminuyó. Durante el siglo XVI se capturaron fortalezas costeras, que en ocasiones se perdieron, antes de que el rey Sebastián (1557-1578) decidiera emprender la conquista de la zona interior. El monarca murió en la batalla de Alcazarquivir, en la que los portugueses y los norteafricanos perdieron miles de hombres. Mazagán (la actual El-Jadida), el último puesto avanzado, no se abandonó hasta 1769.

La Corona portuguesa pasó a manos de los Habsburgo españoles en 1580 (en la persona de Felipe II), hasta que una rebelión restableció la independencia en 1640, durante el reinado del rey español Felipe IV. Este periodo coincidió con el declive del imperio oriental. Los portugueses carecían de suficientes marinos con experiencia para guiar sus naves, y potencias marinas en alza como el Imperio holandés y el Imperio Británico desafiaban su posición. Los holandeses, gracias a su superioridad naval y siguiendo el ejemplo mercantil de Portugal, se aliaron a menudo con los gobernantes locales y arrebataron bases y puestos comerciales de Oriente a los portugueses durante el siglo XVII. Malaca, Ceilán y Cochin cayeron en manos holandesas en 1641, 1658 y 1662, respectivamente; los persas, ayudados por los ingleses, expulsaron a los portugueses de Ormuz en 1622. Ceuta permaneció en manos españolas después de 1640, pero Tánger y Bombay pasaron a Inglaterra en la década de 1660, por el acuerdo matrimonial establecido con motivo del enlace de Catalina de Braganza (hija del monarca portugués Juan IV) con el rey inglés Carlos II. Los grandes días del primer imperio europeo en Oriente, cuyos beneficios habían sufragado el despilfarro de la Corona portuguesa, habían concluido. Los últimos vestigios que de esta época se conservaron fueron el Estado de India (básicamente Goa), Macao y la zona oriental de la isla de Timor.