Periodo Edo
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Periodo Edo
4. La edad dorada del periodo Edo

A mediados del siglo XVII, la política de los Tokugawa, a pesar de su carácter autocrático, había traído a Japón más paz y estabilidad de la que había disfrutado el país en siglos: la consecuencia fue una eclosión demográfica y económica. La población pasó de unos 12 millones en 1600 a aproximadamente 31 millones en 1720, y Edo, que comenzó siendo una pequeña aldea con 200 habitantes, se transformó en una metrópoli con más de un millón de residentes. Aunque no se dispone de cifras fiables, la economía creció a gran velocidad: la construcción de castillos y los proyectos oficiales de los Tokugawa crearon nuevos empleos, y la urbanización promovió nuevos hábitos de consumo en una economía de mercado en ascenso favorecida por la paz, la construcción de nuevas vías, la estandarización de las unidades de medida y la acuñación de moneda. La constante movilidad de los daimios y sus séquitos según el sistema sankin kotai y sus lujosas posesiones en Edo crearon una nueva fuente de demanda económica.

El nuevo periodo de riqueza y paz alumbró también un florecimiento cultural. Las prácticas tradicionales del arte japonés, originales de Honami Koetsu, se desarrollaron en la escuela Rimpa, representada por Korin Ogata. En el campo de la literatura, el nuevo tipo de composición poética breve, el haiku, fue perfeccionado por el poeta errante Matsuo Basho; Ihara Saikaku y Chikamatsu Monzaemon escribieron novelas y obras de teatro kabuki para una audiencia urbana. El ritual de la ceremonia del té se enseñaba en varias escuelas, y se crearon soberbias cerámicas, como las del estilo raku, para complementarlo. La arquitectura tradicional se perpetuó en el maravilloso palacio de Katsura, finalizado en 1662. Los locales autorizados (como el Yoshiwara de Edo), en los que la prostitución se regulaba oficialmente, se convirtieron en centros de moda, lugares de exhibición y actividades artísticas; en tanto que los comerciantes arribistas acudían a ellos para hacer alarde de su fortuna y sofisticación ante los cultos cortesanos y las geishas, inmortalizados en láminas de madera Ukiyo-e.

Estas manifestaciones representan lo que más tarde se ha considerado como la edad dorada de Edo, la era Genroku (1688-1704). Con todo, la prosperidad y el crecimiento creaban tensiones en la rígida sociedad Tokugawa. Los chonin, teóricamente el estamento más bajo de la jerarquía social, prosperaron a expensas de los daimios y los samuráis, siempre dispuestos a cambiar su salario de arroz por dinero, pero vulnerables ante las fluctuaciones de la producción y los precios agrícolas. La geografía económica de Japón basculaba en favor de Edo y en contra de Kioto, aunque Osaka seguía siendo un centro mercantil de gran importancia para la venta del arroz de los daimios y los samuráis. Las jerarquías sociales se vieron amenazadas por las innovaciones del mercado masivo, por ejemplo, los grandes comercios con descuentos y pago en moneda de Edo. Los daimios exploraron nuevas tierras y técnicas agrícolas para incrementar sus ingresos y saldar sus deudas, pero también obligaron a sus campesinos a cultivar productos como el algodón y el tabaco, que se pagaban en dinero. Con la creciente comercialización de la vida rural, los agricultores adinerados aprovecharon las nuevas oportunidades económicas para distanciarse de los pequeños propietarios, que a menudo acababan trabajando como jornaleros o se trasladaban a las ciudades. Los samuráis tampoco disfrutaban de una situación económica favorable, atrapados entre los codiciosos comerciantes y los poco generosos daimios, por lo que muchos renunciaron a su posición social y se dedicaron al comercio, a la medicina, al estudio o alguna otra profesión remunerada. El Japón del periodo Edo desbordaba las simples estructuras confucianas de los días de Ieyasu.