| Pleitos Colombinos | Vista del artículo | ||||
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| 3. | Fases principales |
Para resolver todas estas cuestiones de forma ajustada a derecho nacieron los Pleitos Colombinos, los cuales, en su reconstrucción procesal, nos muestran la existencia de un pleito principal, que va de 1508 a 1536 con sucesivas fases, y posteriormente una derivación en pleitos menores, que se extienden desde 1537 hasta 1563. En 1536, después de siete fases, se llegó al laudo o sentencia arbitral de Valladolid, que concedía al heredero colombino, Luis Colón, lo siguiente: el título de Almirante, que tomaba como modelo al de Almirante de Castilla, y que sería considerado hereditario; en contrapartida se suprimían el virreinato colombino y la gobernación general de las Indias; la creación del señorío colombino con el título de marqués de Jamaica y duque de Veragua, que tendría jurisdicción sobre la isla de Jamaica y sobre veinticinco leguas cuadradas en Veragua; la concesión de diez mil ducados de oro de renta anual en las Indias, como juro de heredad; así como otras concesiones en favor de los Colón, como la perpetuidad de los oficios de alguacil mayor de Santo Domingo y de la audiencia insular; el ingenio de azúcar que tenían en La Española, si lo poblasen; la posesión de las tierras, labranzas y pastos habidas en dicha isla; además de una renta anual de 500.000 maravedíes a cada una de las hermanas (María y Juana) del almirante, duque y marqués Luis Colón.
Después de esta sentencia arbitral de 1536, se sucedieron otros pleitos de menor trascendencia sobre el almirantazgo y los aranceles (1537-1541), sobre las facultades judiciales del almirante (1554) y sobre la población y ducado de Veragua (1555-1563). Incluso, distintas ramas de la familia Colón siguieron pleiteando por cuestiones menores hasta el siglo XVIII. La trascendencia de estos Pleitos fue variada: merecen destacarse las muchas probanzas y declaraciones de testigos de primera mano —hasta el mismo rey Fernando II el Católico— que mandaron hacer las partes enfrentadas. Todo ello consiguió aportar abundantes datos para reconstruir históricamente los primeros viajes descubridores, tanto los de Colón como los de sus seguidores, los navegantes andaluces, y los adelantos en cosmografía y navegación. El proceso en sí mismo es un ejemplo significativo de la nueva sociedad y de los nuevos tiempos en su relación con el Estado moderno recién creado. Entre los puntos negativos, quizá uno de los más llamativos es el de la manipulación y hasta pérdida de algunos documentos capitales referentes a Cristóbal Colón.