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| 3. | Desarrollo de la autobiografía |
Los primeros escritos cercanos al género autobiográfico son textos cristianos, como ocurre con las Confesiones, de Agustín de Hipona, de comienzos del siglo V, aunque se deben citar de modo especial los escritos de Teresa de Jesús, de mediados del siglo XV, a los que les siguen lo que se llaman “Vidas”, como la Vida de Cellini un siglo después.
Habrá que esperar hasta el siglo XVIII, sin embargo, y las Confesiones, escritas entre 1764 y 1770, por Jean-Jacques Rousseau, para que aparezca la primera autobiografía en el sentido moderno. El género autobiográfico no se desarrollará, en efecto, más que con la emergencia de la burguesía —unida a la afirmación del individuo.
A partir del siglo XVIII las autobiografías, lo mismo que los géneros emparentados con ellas, como el diario o las memorias, se multiplican por toda Europa. Posteriormente el género ha asimilado las aportaciones de las ciencias humanas y el psicoanálisis, centrando su problemática en el análisis de las neurosis y de la sexualidad del autor. Parece que hoy la autobiografía y los géneros autobiográficos emparentados con ella se han convertido en una especie de ejercicio obligado para los autores contemporáneos.
En lengua castellana, a pesar de la frecuente queja de que no existen memorias autobiográficas, tan habituales en las literaturas anglosajonas, el género ha gozado de cierto desarrollo, si bien se han evitado por lo general las referencias a cuestiones íntimas.
Abundan, en los siglos XVI y XVII las que son obras de religiosos, como la de Ignacio de Loyola, o la ya mencionada Vida, de Teresa de Jesús.
Sin embargo, hasta el siglo XX no se produce una gran eclosión, con biografías como las de Juan Gil Albert, Manuel Maples Arce y Ramón Otero Pedrayo. En años recientes el género conoce un gran florecimiento.