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Biocombustible, cualquier combustible sólido, líquido o gaseoso producido a partir de materia orgánica. Se produce directamente a partir de plantas o indirectamente a partir de desechos industriales, comerciales, domésticos o agrícolas. Hay tres métodos principales para el desarrollo de biocombustibles: quemar desechos orgánicos secos (como basuras domésticas, desechos industriales y agrícolas, pajas, madera y turba); la fermentación de desechos húmedos (como excrementos de animales) en ausencia de oxígeno para producir biogás (que contiene más de un 60% de metano) o la fermentación de azúcar de caña o cereales para producir alcohol y ésteres; y las plantaciones forestales (que producen bosques de crecimiento rápido, cuya madera se utiliza como combustible).
La fermentación produce dos tipos principales de biocombustibles: alcoholes y ésteres. En teoría, esas sustancias pueden utilizarse en lugar de los combustibles fósiles, pero como se requerirían grandes alteraciones en los motores, los biocombustibles suelen mezclarse con combustibles fósiles. La Unión Europea permite que un 5% de etanol, derivado de trigo, remolacha, patatas o cereales, se añada a los combustibles fósiles. En 1994, una cuarta parte del combustible utilizado en Brasil para el transporte era etanol.
En la actualidad se están desarrollando cultivos intensivos energéticos para obtención de la biomasa, o bien como materia prima para obtener otro tipo de combustible.